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Hermosa juventud: el gran retrato de los jóvenes de la crisis
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Antes de la recién estrenada Petra, Jaime Rosales había desarrollado una personal carrera en el cine en el que la cotidianidad y el realismo siempre han tenido un puesto clave. Después de triunfar en los Goya con La soledad, sus dos siguientes films, Tiro en la cabeza (2008) y Sueño y Silencio (2012) pasaron más desapercibidos. Con Hermosa juventud, que participó en la sección oficial del festival de Cannes y fue finalista en los premios LUX convocados por el Parlamento Europeo, Rosales fijó su mirada en la España de crisis y especialmente en cómo afecta a los jóvenes y su futuro.

El film se tira de cabeza en el presente, marcado por la crisis económica y el desempleo. Una joven pareja, sin estudios ni trabajo y provenientes de familias humildes, pasa sus días compartiendo momentos y viéndose con amigos. No encuentran trabajo más allá de alguna chapucilla suelta, y acaban decidiendo vender lo único que poseen: su propio cuerpo. La grabación de un film porno funciona como una metáfora de la prostitución en la sociedad actual. La situación no mejorará, si acaso se verá complicada por nuevos contratiempos, y finalmente ella acabará optando por emigrar a otro país en busca de un futuro mejor.

Gran parte de la culpa de que la película funcione la tiene el reparto, con una gran pareja protagonista (Ingrid Garcia-Johnson, nominada al Goya a la mejor actriz revelación, y Carlos Rodríguez), cuyas actuaciones tienen la frescura de quien se está interpretando a sí mismos. De hecho los actores elaboraron una parte de los diálogos; sin duda su buen hacer es uno de los puntos fuertes de la obra. También son buenas las actuaciones de los secundarios, tanto de los amigos como de los familiares de los protagonistas.

Rosales abandona los experimentos formales de La soledad para apostar por un realismo en el que la historia se cuenta por sí sola. Es la propia realidad de los personajes la que conduce al drama. Un drama, eso sí, siempre contenido, sin estridencias; el propio de quien acepta con resignación su circunstancia. La película combina inteligentemente los espacios cerrados y los abiertos (generalmente en encuentros con amigos, más alegres y desahogados)  para subrayar momentos de tensión y liberación. También es interesante desde el punto de vista narrativo el uso que hace el director de las nuevas tecnologías; a través de imágenes de conversaciones en la pantalla del móvil se fragua una elipsis temporal que hace avanzar rápidamente la trama.

Hermosa juventud se acerca a un tema de dolorosa actualidad, el paro juvenil, y lo hace sin moralismos ni posturas preconcebidas. Deja hablar a los protagonistas, y estos mismos completan una radiografía de lo juventud española presente. Evidentemente, la película no agota todos los posibles discursos al respecto, pero tampoco lo pretende; no hay ambición de hacer un diagnóstico, sino de mostrar una historia.

Siempre hay que celebrar cuando el cine se mide con la actualidad, y más cuando lo hace desde una postura tranquila y que huye de los discursos absolutistas. Rosales pone la cámara, los actores ponen la voz, y la España de la crisis económica, el decorado. El resultado es un film valioso que por desgracia no recibió toda la atención y el reconocimiento que hubiera merecido, especialmente en su propio país, a pesar de la buena acogida internacional.

 

Carlos Pintado (@CarlosPM76 )

 

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