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Hasta el cielo: Camino a trap paraíso
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Ángel (Miguel Herrán) es un joven mecánico que decide entrar en un grupo de atracadores del barrio. Mientras empieza una problemática relación con Estrella (Carolina Yuste), sus objetivos y ambición en la banda empiezan a ser cada vez más grandes, como más grandes van a ser sus problemas con la policía. Hasta el cielo es la clásica historia del gánster emprendedor y obsesionado por el poder, pero ahora actualizada con vida de barrio y música de C. Tangana. Una película floja en su desarrollo central, pero con novedades y acción suficientes como para que valga la pena verla.

Dirigida por uno de los reyes del thriller español (Daniel Calparsoro) y escrita por otras manos ilustres del género (Jorge Guerricaechevarría), Hasta el cielo es una película comercial que apuesta claramente por códigos culturales asociados a los jóvenes españoles. Por fin. Ya sólo esta novedad es como para celebrarla en Fabrik: Calparsoro, Guerricaechevarría y la perspicaz productora Emma Lustres (Vaca Films) han decidido no hacer una película «atrápalo todo» sino una que le hace guiños permanentes a aquellos sobre los que se ha pensado, equivocádamente, que no quieren pagar por una entrada de cine.

Y lo primero para interpelar los jóvenes ha sido querer contar con ellos y hablar como ellos. Tremenda locura. En Hasta el cielo vemos a unos chicos y chicas que -aleluya- se parecen a los jóvenes de verdad que viven en muchos lugares de España. A los que quizá no tienen trabajo o a los que lo tienen en peluquerías y talleres. A los que ven las cuatro torres de Madrid desde lejos, no a los que protagonizan ¿A quién te llevarías a una isla desierta?. La imagen de chico malo que tiene Miguel Herrán desde A cambio de nada (Daniel Guzmán, 2015) encaja perfectamente en este esfuerzo por acercarse más a la gente del parque que a la del pisazo en el centro.

Hasta el cielo: Camino a trap paraíso

A este aire fresco se le ha incorporado una historia de espectáculo que no representa a nuestros jóvenes, pero sí a cierto espíritu que les resulta atractivo: el de la delincuencia juvenil, basada en historias de atracos reales, con buscado aroma al cine -mal llamado- quinqui de los 80. Los responsables de la película saben que el cine de José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia sigue teniendo tirón. Lo demuestran la estética de los videoclips y las letras de canciones de artistas como C. Tangana, El Coleta o los propios Jarfaiter o Ajax, que directamente aparecen en la película. Aunque sea más pose que compromiso, aquí se busca el sentido coral, las expresiones y la actitud gamberra herencia de la banda del Jaro o el Torete.

Pero ahora ya no suenan Los Chunguitos, sino más bien derivados de música urbana. Ya no vale con pegar el palo y drogarse -de hecho, demasiada poca droga hay en Hasta el cielo-, ahora hay que ir a por todas y de forma organizada, con la esperanza de no echar abajo la torre, sino de subirse al último piso vestido de traje. No importa a quién haya que pisar o por qué aros haya que pasar, el objetivo es llegar rabioso hasta ese cielo vendido por la cultura neoliberal. En ese sentido, la película entronca mucho más con el mito del gánster que escala desde abajo del cine norteamericano -el de, por ejemplo, El precio del poder (Brian de Palma, 1983)- que con la tradición más autosatisfecha y de lealtades del lumpen del cine quinqui.

En estas coordenadas generales, Hasta el cielo capta bien este sentido generacional y de época. A eso le añade además una eléctrica y acertada Carolina Yuste y un par de secuencias de acción del gato y el ratón bien resueltas. La parcela del entretenimiento atractivo está, por tanto, razonablemente bien cubierta. Pero es complicado dejar pasar la inconsistencia y la acumulación de estructuras repetidas en el tramo central de la película: los caprichos argumentales, las elipsis mal elegidas y un Ángel cada vez más distante de la lógica pesan demasiado a la hora de quedarse con auténtico buen sabor de boca.

Hasta el cielo: Camino a trap paraíso

Es una de las debilidades ya clásicas del cine de Calparsoro, un director que controla bien los ambientes y los ritmos del cine comercial pero que sufre a la hora de darle consistencia al guion para que no importen demasiado las tijeras del montaje. Su dupla con Guerricaechevarría a las teclas tampoco ha terminado de resolver este problema con el desarrollo de sus personajes y la estructura de la historia. Ni siquiera un inicio y un final conectados consiguen que la película no de la sensación de perdida y descompensada en distintos tramos en los que se salta mecánicamente de un lugar a otro.

Seguir la carrera de Calparsoro es seguir el feliz rastro comercial del thriller español reciente. A medida que el género ha ido acaparando más proyectos de televisiones y grandes productoras en España, allá que iba aumentando a su vera la adrenalínica filmografía del director. Y es mérito suyo que en más de 20 años se haya consolidado como un nombre fiable en la industria si lo que buscas es acción y una cierta atención a lo social. Hasta el cielo tiene también ese sello. Su sensibilidad por lo contemporáneo y generacional la hacen ya particular en el ecosistema mainstream, aunque su desganado desarrollo no la conviertan en algo más.

 

Arturo Tena (@artena_)

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