Estás leyendo:
Hache, temporada 2: La reina del norte
6 min

Hache, temporada 2: La reina del norte

La serie de Netflix sigue siendo más efectiva en la ambientación que en las tramas de thriller y le gusta demasiado jugar al culebrón

hache temporada 2

Tras la muerte de Malpica y aliada con los italianos, Hache ya piensa en convertirse en la nueva jefa del tráfico de heroína en Barcelona. Pero no es tan fácil. Sus nuevos aliados no son precisamente de fiar, la llegada de su hermano a Barcelona trastocará sus planes y aún queda un rescoldo del pasado, el inspector Vinuesa, que no está dispuesto a abandonar su persecución de la protagonista aunque ello implique jugarse su trabajo o su recién estrenado matrimonio.



En la segunda temporada de Hache consiguen casar un poco mejor las dos almas de la serie: el culebrón de época y el thriller… también de época. Es el destino de la narcoficción española, no acabar de decidirse entre ser toro o torero, aunque la serie de Verónica Fernández tiene la ventaja sobre otras, como Vivir sin permiso, de una magnífica ambientación sesentera, quizás no perfecta pero sí lo suficientemente efectiva como para hacerse perdonar sus fallos.

Hache temporada 2 cuenta dos capítulos menos que la 1 y concentra mucho más sus tramas. Algunas son más predecibles y otras repiten esquemas de la primera entrega, lo cuál en una serie que en total apenas suma 14 episodios las hace sufrir si se ven a ritmo machete. En la paradoja de las plataformas, es posible que hubiese funcionado mejor tal y como está planteada en emisión semanal, pero le habría restado presupuesto y se habría resentido su mayor logro, que es el ambiente. Para quien disfrute de las series de época, Hache es perfecta si no se pone exigente con la pijada de crítico subidito que llamamos «los arcos de personaje».

 

Crítica de Hache temporada 2 con spoilersHache, temporada 2: La reina del norte

La segunda temporada deja a Hache como empezó la primera: sin nada pero con responsabilidades a su espaldas. Podría servir perfectamente como final de la serie o como tropezón en su arco de «reina del Norte». En este thriller de una mujer fuerte que se levanta de todos los muchos y muy variados reveses que sufre, los ramalazos de culebrón  que sufre el personaje protagonista a veces nos hacen preguntarnos si no estamos viendo una historia de femme fatale de manual pero desde el punto de vista de la susodicha. Lo que pasa que todos sus amantes y pretendientes no solo iban buscando que se los comiese el tigre, es que se iban mereciendo sus a veces muy ridículos finales.



Por cierto, la serie ha tomado nota de una de las principales críticas que recibió en su primera tanda y ya pega mucho menos a Hache. Helena se pasó los capítulos de introducción siendo maltratada física, mental y sexualmente a cada paso que daba, pero ahora el personaje no es que esté empoderado, es que es una líder del narcotráfico, y es ella la que ordena repartir. Eso sí, será la secundaria Camino la que siga recibiendo mamporros hasta que al decir basta y asesinar a su marido Piero, lo cuál precipitará el desenlace de la temporada.

Ojo, en ese sentido, y como decíamos prespoilers, Hache consigue ganar en consistencia al reducir episodios y concentrar la acción. El último episodio, quitando la subtrama culebrónica del affaire de Helena con un heredero de clase alta que aporta poco más que retratarla como permanente outsider -y que la actriz enseñe cacho-, es una consecuencia directa de lo que plantea el primero de manera que todo es mucho más orgánico y menos «porque toca que pase así, que esto es una serie de mafiosos» como ocurría en la anterior tanda.

 

Contigo todo empieza bien pero acaba malHache temporada 2

Tuve una novia que decía que llamar Eduardo Noriega «actor» era ofensivo para la profesión y que sería más ajustado calificarlo de «persona que aparece en películas». La verdad es que me cuesta no darle la razón a tenor del desempeño del susodicho en Hache, donde no alcanza ninguno de los registros que necesita su torturado personaje. El inspector Vinuesa no es empatizable ni como único e idealista adalid de la justicia en una Barcelona del Franquismo corrupta hasta el tuétano. Solo es un señor plano con cara de palo y a Noriega parece que le da un poco igual. Que también puede ser, porque cuando quiere bien que cumple.

En cuanto a Ugarte, cumple su doble función de que le quede bien lo mismo ir vestida de diva empoderada de época que sucia y despeinada, vuelve a hacer otro despliegue para ajustar su dicción al sociolecto del personaje -no, la actriz no habla «mal», es que el personaje habla así- y modula la frialdad de la primera temporada en distancia hacia cuanto sucede. En los secundarios destaca Marc Martínez como Arístides, aunque su personaje, de los más complejos del elenco, parece atrapado en bucle en la misma trama de la primera temporada. Finalmente la Mirta de Anna Moliner levanta los capítulos más flojos con sus actuaciones musicales, que son de lo más conseguido de la serie y suelen encajar temáticamente con la trama.

En resumen: menos culebrón, aunque algo quede, tramas más concetradas y, sobre todo, una ambientación de época que hace que todo fluya mejor, sobre todo con los guiños al noir sin pasarse y los números musicales. Tiene sus fallos pero se perdonan si el formato nos gusta, porque al final es un producto que busca al público de El tiempo entre costuras intentando ofrecerle un acabado más sofisticado y una protagonista menos idealizada. Podría haber tercera temporada tanto como podría acabar aquí. Solo pedimos que jubilen al inspector Vinuesa, para ahorrarle sufrimientos al actor.

 

Jose A. Cano (@caniferus)

Dejar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Input your search keywords and press Enter.