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Veneno, capítulos finales: lo mejor y lo peor de una serie que trasciende
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Veneno, capítulos finales: lo mejor y lo peor de una serie que trasciende

Javier Calvo y Javier Ambrossi han conseguido algo muy importante: que una serie que parecía de nicho vaya más allá

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Después de ocho capítulos muy intensos,  el final de Veneno ha llegado (en teoría).  Hacemos un balance crítico sobre la serie creada por Javier Calvo y Javier Ambrossi, que ha significado un antes y después en la representación de las personas trans en la ficción española.

A partir de aquí, spoilers

Una buena historia: fantasía y tragedia 

Uno de los rasgos más atractivos de la serie es cómo los Javis han sabido encontrar un interesante equilibrio entre todo lo que había de fantasía, de personaje y de realidad en el testimonio de La Veneno. Cuidar este aspecto ha sido fundamental para que haya funcionado tan bien en el arco de la serie. Escenas como las de la pelea con los nazis en el Parque del Oeste, donde se ve a Cristina atacar con una hoz a uno de ellos, son un buen ejemplo de esa fantasía que estaba presente en La Veneno y que se muestra también en la biografía en la que se basa (¡Digo! Ni Puta ni Santa: las memorias de La Veneno, escrito por Valeria Vegas). Es un acierto que los Javis no hayan querido descartar este componente imaginativo en la serie a riesgo de que pueda significar un perjuicio para el intento de realismo que, se supone, también se quiere mostrar.

Esta cruda conexión con lo real se expresa, obviamente, en una triste realidad: la difícil situación que vivían las personas transexuales en los años 90 en España. Es ejemplar en ese sentido el capítulo 7, dedicado a la etapa de tres años que vivió Cristina en una prisión de hombres. Sin caer en sensacionalismos, los Javis exponen difíciles momentos que La Veneno contó en televisión, como las torturas y chantajes que sufrió por parte de los presos -y también de quienes se supone debían protegerla-.

Muy impactante en ese sentido -pero necesaria para mostrar el sufrimiento que vivió- es la escena en la que el novio italiano (Ciro Petrone) le pega una paliza a Cristina -Daniela Santiago está magnífica en esas secuencias de dolor y angustia- y mete al perro en el microondas: es sorprendente ver cómo los Javis se atreven a enseñar una escena así. Curiosamente, en el caso de las palizas de su madre se veían casi fuera de campo.

 

El casting de Veneno: aciertos y desaciertos

Desde los primeros episodios ya se demostró que el gran acierto de esta serie es el casting escogido, y es algo que se ha ido confirmando semana tras semana. En el primer capítulo Isabel Torres interpretaba a la Veneno en su última etapa de una forma bastante convincente; es algo que ha mantenido a lo largo de la producción al igual que le ha ocurrido a Paca La Piraña, la gran revelación de Veneno.

Pensar en lo que ha hecho Paca La Piraña es muy emocionante: interpretarse a ella misma y tener que revivir ciertos momentos, buenos, agridulces y terribles, que pasó con su mejor amiga Cristina La Veneno. El desparpajo y la naturalidad que tiene, con cada frase que suelta, hacen imposible que el espectador no se quede hipnotizado con esta mujer.

Lola Rodríguez ha sido también otra revelación al interpretar a Valeria, el otro peso fuerte de la serie: la chica que conoce a Veneno, y escribe su biografía, al tiempo que se va descubriendo a ella misma y construye su identidad de género. Daniela Santiago (que interpreta a la Veneno en sus primeros años de famosa hasta los primeros momentos de la cárcel) y Jedet (que la interpreta en el tercer episodio, en su etapa de transición, de Joselito a Cristina) realizan también una interpretación más que brillante aunque, quizá, esta última es la que cae más en la parodia-imitación del personaje de Cristina La Veneno, algo que los Javis podrían haber pulido más.

En otra ocasión ya comentamos lo bien que interpretaron a Joselito los actores Guille Márquez y Marcos Sotkovszki pero lo cierto es que, en líneas generales, todos los actores secundarios que participan de forma más o menos fija están muy bien escogidos: desde Goya Toledo pasando por Elvira Mínguez o Lola Dueñas.

También, al igual que hicieron en Paquita Salas, recurren a actores o rostros conocidos para realizar cameos o papeles muy pequeños: esto funciona a veces y otras no, como es el caso de apariciones muy fugaces que poco aportan (el caso de Soy una Pringada o María Teresa Campos, entre otros). Hay otras que sí lo hacen con más peso como José Coronado, Ana Milán, Mariona Terés, Pepón Nieto, Tamar Novas, Jordi Vilches, Ester Expósito, Jorge Usón, Brays Efe, Óscar Ladoire, Anna Allen o incluso el simpático cameo de Valeria Vegas o Pepe Navarro, entre muchos otros. En ese sentido, los Javis saben buscar un buen casting hasta para los papeles más pequeños.

 

Entre la “sutileza” y el cutrerío

Ninguna serie es perfecta y Veneno, evidentemente, tampoco lo es. Por lo tanto, además de hablar de algunos elementos muy positivos también hay que hacer lo mismo con los negativos. Los Javis dominan muy bien los diálogos de humor; esas escenas, gracias al carisma de las actrices, suelen quedar más que correctas. Pero también tienden en las mismas, a veces, a las metáforas nada sutiles: es el caso del final del segundo episodio donde Joselito huye de su pueblo en coche junto a su hermana pero se baja para liberar a unas palomas como muestra de sus ansias de libertad.

Estas imánes simbólicas de significado muy directo se pueden considerar marca de la casa; tampoco se trata de cuestionar un estilo. Lo que sí se puede criticar es la pobreza de ciertas recreaciones televisivas, que es también es uno de los factores más importantes de la serie. En el primer episodio todo fueron halagos hacia la brillante recreación que habían realizado del famoso programa ‘Esta noche cruzamos el Mississipi’, incluida la actuación de Israel Elejalde como Pepe Navarro. En el quinto capítulo, dedicado a la parte de la televisión y a la fama efímera, se mostraba el paso del equipo a Antena 3 para presentar ‘La sonrisa del pelícano’, y es en ese momento donde se muestra cómo los Javis decidieron no esforzarse, del mismo modo, en la parte televisiva de la serie.

En general, da la sensación que, desde el capítulo 5 hasta el final de Veneno, hay algo de pudor por mostrar el mundo televisivo español de la época. Solo se atreven a mostrar cómo la televisión ridiculizó al personaje de Cristina sin citar a muchas personas reales: prefieren ir a lo fácil y escoger a Ángel Garó para encarnar a cualquier presentador, ya sea de Telecinco o Antena 3. Es quizá todo más fácil y menos incómodo de hacer si no se nombran cadenas o se inventan títulos de programas. Más fácil, pero menos currado, claro.

 

El final de Veneno: un bonito homenaje al colectivo trans y a la amistad

En el sexto episodio, escrito por Félix Sabroso, se hace hincapié en otro de los grandes temas de la serie: la amistad. Es lo que se forja entre las tres protagonistas (Cristina, Paca y Valeria). Es precioso ver la conexión y química que hay entre las tres (la primera interpretada por Isabel Torres) y esa sororidad que crean al apoyarse y al estar juntas en los malos momentos y no solo en los buenos, aunque también los Javis dejan un lado para hablar de la traición: Cristina acude a televisión a hablar mal de Paca y esto supone la ruptura de la amistad.

La escena de Cristina aporreando la puerta de casa de Paca La Piraña mientras esta llora sin parar es una de las más emocionantes de la serie junto con la que Paca protagoniza en el último episodio, que merecería un artículo a parte, hablando con Valeria sobre cómo, después de muerta Cristina, la ha perdonado. Imposible no emocionarse y empatizar con ese dolor, interpretado pero también real.

El último episodio dedica su arranque a la película Vestida de azul (Antonio Giménez Rico, 1983), el primer largometraje en España que trató los problemas de las transexuales en unos años donde casi la unica solución era ejercer la prostitución. En este maravilloso documental, recomendado siempre, se muestra, desde un punto de vista desenfadado, la rivalidad y la poca sororidad que hay entre las seis protagonistas, algo que también está presente, a veces, en la relación entre Cristina La Veneno y algunas compañeras del Parque del Oeste o en algunas de las escenas más divertidas en casa de Paca La Piraña. Muy acertada la decisión de hacer referencia a esta película.

Javier Calvo y Javier Ambrossi han conseguido algo muy importante: Veneno ha trascendido, y los datos de audiencia lo confirman. Hay que recordar que es el primer proyecto de serie de larga duración de sus creadores y que a priori parecía más un producto de nicho para una plataforma de pago y para unos espectadores concretos, fieles al estilo de los jóvenes realizadores. Este es un paso que va más allá en el terreno audiovisual para que surjan más proyectos donde se le de importancia y visibilidad al colectivo LGTB. Ya tocaba.

 

Javier Valera (@jvaleraros)

1 comment

  • Pablo

    Gracias por esta crítica. La única que habla de Paca La Piraña. Que una actriz no profesional sostenga un papel así, capítulo tras capítulo, y habiendo sigo protagonista real de muchas escenas cargadísimas de emociones, a muchos les parece lo normal. A mí me ha parecido extraordinario. Todas las actrices bordan sus papeles (magnífica dirección de actores), pero lo de Paca es simplemente asombroso.

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