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El silencio de otros: llegar a la emoción
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En España se han hecho varios documentales con la memoria histórica como telón de fondo. Normalmente, a partir de casos o vivencias particulares (Los colonos del caudillo, El Paisano: un retrato colectivo, etc.). Se ha entendido que sea así porque es un tema con muchas bifurcaciones; todas esas implicaciones históricas y vidas afectadas han hecho más comestible la narración centrada en algún aspecto o crónica concreta, sin acercarse directamente a la extensión de un problema enorme que parecía más para un programa de Salvados que para un largometraje. Las vertientes ideológicas y políticas, aún abiertas, lo suelen convertir en un tema de debate que suele pegar más en la actualidad diaria.

El reto que se pone El silencio de otros es, en ese sentido, muy importante: tratar el asunto de la reparación de las víctimas del franquismo de forma amplia. Almudena Carracedo y Robert Bahar son ambiciosos y recogen la Ley de Amnistía en la Transición, las torturas, los niños robados, las fosas comunes, la querella argentina… y, entre medias, las caras de las personas afectadas y que luchan para que su memoria y la de sus familias encuentren algo de justicia. El resultado es humano y diferencial, y, pese a algunas inconsistencias, convierte a El silencio de otros en el mejor documental que se ha hecho nunca sobre el asunto.

La película consigue estar en los momentos de confesión, de emoción colectiva y de desgarro interno de las personas que se han visto afectadas por la represión del franquismo de alguna manera. La cámara se acerca mucho y capta los sentimientos de dolor, sufrimiento o esperanza en los rostros de las víctimas. Esto es complicado de hacer. Es paciencia, es horas de trabajo, es hacer las preguntas adecuadas y tener la intuición y sensibilidad para recogerlas en el momento justo, y además darles un sentido. Una selección coherente y bien hecha.

Esta capacidad de la que hacen gala Carracedo y Bahar está acompañada además de un tratamiento muy respetuoso y cuidado de las imágenes: les dan pausa a los momentos de emoción, se acercan a los detalles y los cargan de simbolismos. Un ejemplo perfecto de esto es la insistencia fotográfica, una y otra vez -es también el cartel de la película- , en el conjunto de esculturas tiroteado ‘El mirador de la memoria’ en el valle del Jerte en Cáceres, que se convierte en una imagen poderosa de solemnidad, tristeza y dignidad. Hacer cine es también componer planos que recojan tanto en una sola toma y la dupla de directores es hábil al hacerlo.

“Se ponen tantas cartas y tantas historias diferentes sobre la mesa que algunas pasan más desapercibidas”

La tarea que se quiere hacer en El silencio de otros es tan grande, que es inevitable que se escapen cosas y que otras queden más o menos jerarquizadas. Si bien el hilo principal del documental es el seguimiento de la querella argentina, se ponen tantas cartas y tantas historias diferentes sobre la mesa que algunas pasan más desapercibidas, como es el tremendo caso de los niños robados durante los cuarenta años de dictadura y más allá. La voluntad de los autores de dar visibilidad a muchas de las diferentes aproximaciones al problema difumina en algunos tramos la potencia de su gran trabajo humano. Incluso resta tiempo a para explicar mejor las cosas o para dar un relato más riguroso sobre la cronología de algunos hechos, como bien explica el periodista Willy Veleta en la Revista Contexto.

Con el apoyo logístico de los hermanos Almodóvar, el documental ha dado la vuelta al mundo, recogiendo premios e incluso quedándose a las puertas de conseguir una histórica nominación a los Óscar. Esta visibilidad y el gran trabajo de años y años para llegar a la emoción con historias comprometidas dan a El silencio de otros una trascendencia diferente e importante en la historia del cine español. Obligan a tratarla ya como una referencia para aquellos que quieran acercarse a la memoria histórica y conocer lo que conlleva cargar con ese peso personal y no poder, aún, deshacerte de él.

Arturo Tena (@artena_)

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