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El segundo nombre: ¿Qué tiene la primera película de Plaza para triunfar en Netflix?
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El segundo nombre: ¿Qué tiene la primera película de Plaza para triunfar en Netflix?

'El segundo nombre', la primera película dirigida por Paco Plaza en 2002, está entre lo más visto en Netflix desde que llegó a la plataforma el pasado 13 de mayo. Desgranamos sus fuerzas (y sus puntos débiles)

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Una de las películas más vistas en Netflix esta semana no ha sido un estreno reciente, sino una película con casi 20 años a sus espaldas: El segundo nombre (2002). La película debut de Paco Plaza (saga [REC], Verónica) está llamando mucho la atención de los usuarios, confirmando lo bien que han calado en la plataforma los primeros trabajos recién incluidos del director valenciano –y los de Jaume Balagueró –.

Aunque otras películas de Plaza y/o Balagueró ([REC]4, Frágiles o Romasanta: La caza de la bestia) también han estado en el TOP de Netflix, la que sin duda más éxito ha tenido es El segundo nombre, que no se ha bajado de la lista de las cinco películas más populares desde que apareció en el catálogo el 13 de mayo. ¿Qué tiene esta película? ¿Qué hace bien y qué hace mal?

Ojo: a partir de aquí hay muchos spoilers

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Las fuerzas: la atracción de las sectas y el terror de lo real

Adaptación de una novela de terror de Ramsey Campbell y premiada en el Festival de Sitges de 2002, El segundo nombre no es una película de terror como tal; es un thriller de terror contenido. No se juega con lo paranormal, ni con monstruos, zombis o criaturas demoníacas. Se juega con algo más terrorífico aún, algo real que nos acompaña desde hace siglos y que proviene del género humano: las sectas.

Las organizaciones de culto secreto llaman la atención en el cine desde siempre (la lista de películas da para tener subgénero propio). Su capacidad de atracción está, muchas veces, en cómo estos grupos se esconden detrás de una apariencia natural y una vida sin sobresaltos en la superficie. Y eso asusta y crea interés morboso. No hay duda, por tanto, de que el propio tema es uno de los grandes reclamos de la película, que también sabe cómo tratarlo en su beneficio intrigante y perturbador.

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Precisamente por esa apariencia de «normalidad», Paco Plaza no utilizó En el segundo nombre ambientes oscuros y lúgubres, como vemos en sus películas posteriores como [REC] o Verónica. El estilo de fotografía del argentino Pablo Rosso (colaborador estrecho de Plaza desde entonces), se basa en tonos fríos y luminosos, porque el terror cotidiano tiene que sentirse y verse a plena luz del día. Cuando el lado perverso de algunos personajes se deja ver, se juega bien también con la oscuridad, como ocurre en determinadas secuencias con, por ejemplo, el ginecólogo.

Quizás por su estética y ritmo pausado muchos no se catalogaría como terror al uso, si no más bien un thriller dramático, con pinceladas grotescas y duras, que culmina con una gran tensión. Y decimos culmina, porque durante los primeros 70 minutos contemplamos una investigación, en algunas partes bastante lenta, que pretende dejarnos con la boca abierta más que mantenernos agarrados al sofá. Vamos a detallar, paso a paso, del atractivo y la condena de esta película.

 

Demasiados giros de guion

El inicio de la película comienza con una premisa muy atractiva, atrapándote en la historia y queriendo saber, al igual que Daniella, qué narices ha pasado con su padre. Y es aquí donde, necesariamente, nos encontramos con el primer giro de guion, que desencadena al resto. Pero es que el resto es un buen número de giros argumentales que hacen que la cinta pierda fuerza y lleguen a abrumar al espectador. Vamos a desgranarlos:

1. Profanación de la tumba: si ya era bastante extraño que tu padre acabe con su vida sin motivo aparente, llevando una vida feliz y tranquila, que al llevarle flores descubras que han profanado su tumba y secuestrado el cadáver huele a chamusquina. Nos encontramos con el primer giro que nos atrapa y nos lleva a preguntarnos qué está pasando, que además culmina con la aparición del cuerpo empalado en una posición de rezo, cubierto de alambres.

 

2. Descubrimiento de la secta: de la nada aparece un cura adicto a la insulina que, tras ver imágenes del cadáver, decide visitar a la protagonista para advertirle de lo que está pasando: un grupo de sectarios llamados ‘Los Abrahmitas’ son los culpables de estos sucesos. No solo eso, sino que además revela que realizan un rito por el que la figura paterna mata a su primogénito como tributo a Dios. Esperad que este no es final; el trabajador de Dios además insinúa además que Theodore forma parte de la secta. Toda esta información, en tan solo 10 minutos de metraje.

 

3. Yo soy tu padre: a lo largo de la película vemos a un misterioso hombre con parte del rostro quemado que la persigue, le hace fotos y le manda regalos. Pues bien, deciden verse las caras y le cuenta la supuesta verdad de su historia: él es su verdadero padre biológico. Su mujer, sin su consentimiento, les vendió a Daniella a sus actuales padres. Cuando se enteró de lo que su esposa había hecho a sus espaldas, forcejeó ella y acabó prendiéndole fuego a la casa y acabando con su vida. Se le fue un poco de las manos.

 

4. Ya no soy tu padre: Era bromis. Resulta que Theodore le dejó preparada a Daniella una cinta de video antes de su muerte, en la que le explica a su hija la verdad de su pasado (esta ya de verdad de la buena). En su primer embarazo sufrieron un aborto y perdieron al bebé, y para no soportar otro bebé perdido (ya que tienen que matarlo), compraron uno de repuesto por cuarto duros y acabaron con su vida. Después tuvieron a Daniella y todos tan contentos. Pero por desgracia se descubrió el pastel, y Theodore se suicida para así no tener que matar a su verdadera hija. Empieza a ser todo rocambolesco.

 

5. Todos están implicados: Llegamos al clímax y descubrimos que todo el entorno de nuestra protagonista era Abrahmita. El padre de su mejor amiga, la madre, el marido, ¡hasta su ginecólogo! (el cual por la cara la deja estéril sin que esta se dé cuenta en las tropecientas visitas ginecológicas con la excusa de que es indigna ante los ojos de Dios). Así que descubrimos que fueron ellos los que profanaron la tumba de Theodore y lo empalaron. Una frase simbólica de la películes es la de Daniella al revelarles que lo ha descubierto todo: “Eso no te lo esperabas, ¿eh?”. La verdad es que no, pero quizá tampoco hacía falta sorprender tanto.

 

6. Vuelta al psiquiátrico: Nos queda el último plot twist. Los Abrahmitas matan al bebé de su mejor amiga sin que nuestra prota pueda hacer nada, y la culpan a ojos de la madre, le inyectan un tranquilizante y la dejan en un psiquiátrico, donde la chutan a tranquilizantes y la internan como enferma mental. Ella tiene la culpa ante la sociedad y la secta sigue oculta. Ni Perdidos o las ocurrencias de Shyamalan, oye.

 

El segundo nombre: la primera pincelada de Paco Plaza

Al principio, estos recursos en la trama refrescan el misterio aportándote poco a poco información para que rellenemos todas las piezas. Pero en este caso se empiezan a volver excesivos al acumularse al final, llevando a un pobre desenlace en comparación con la calidad de los dos primeros actos de la película. Esto, sumado a la lentitud general del filme y de tener tan solo a una protagonista sobre la que volcar el argumento, acaba por restarle fuerza al resultado final.

El debut de Paco Plaza no se ajusta a su estilo visual posterior (optando más por atmósferas siniestras, lo sobrenatural o la sátira nacional), pero sí que se pueden apreciar en él una serie de detalles que sigue repitiéndose en su dirección actual: los lazos familiares, la preferencia por protagonistas femeninas, el conflicto personal de sus personajes o incluso esas escenas macabras en la sala de autopsias.

Casi 20 años después de su estreno, El segundo nombre queda como una aportación distinta para los interesados en las películas sobre sectas y como una primera pincelada de uno de los directores españoles contemporáneos con más visión para inquietarnos. Su desequilibrio al estrujar su argumento impide colocarla a un nivel más alto.

 

Nana Medina (@kowainana)

 

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