Estás leyendo:
El reino: hagámonos preguntas incómodas
4 min

 

Hace tiempo que la corrupción se convirtió en el pan nuestro de cada día. Durante los últimos años ha sido habitual levantarse con una nueva trama; tanto es así, que incluso hemos llegado a normalizarlo. La indignación del principio se ha visto sustituida por la resignación, como si ya diéramos por hecho que no hay nadie limpio y es solo cuestión de tiempo que aparezcan nuevos nombres. Sin embargo, el cine no se ha hecho eco de forma tan masiva. La corrupción forma parte del paisaje de muchas películas en los últimos años, pero ya es más difícil encontrar films donde sea el tema principal. El hombre de Las mil caras, ambientada en el caso Roldán en los 80 y 90, o B o El Rey,  surgidas como producciones muy pequeñas y en los márgenes de la industria, son algunos de los pocos ejemplos. Rodrigo Sorogoyen ha puesto fin a esto: si en su anterior peli, Que Dios nos perdone, se podría decir que la corrupción forma parte del paisaje, en El reino es la protagonista.

La película sigue las andanzas de un vicesecretario autonómico interpretado por Antonio de la Torre. Subido al tren de una música electrónica machacona, de la Torre, que no abandona la pantalla en ningún momento, se va tomando cortados y whiskeys de dobles dígitos de antigüedad con todo el mundo, asegurándose de que nadie se vaya de la lengua. Cuando la trama salta a los medios, su ruta se convierte en un esquizofrénico juego de traiciones y alianzas interesadas. Gracias a la magia del cine, llegamos a empatizar con el personaje mucho más de lo que seguramente deberíamos, o de lo que nos gustaría admitir.

Una pieza más del engranaje; tirar de la manta, morir matando, si caigo yo caéis vosotros también. Sorogoyen e Isabel Peña construyen un guion que capta a la perfección las dinámicas de la corrupción, su carácter estructural, las frágiles relaciones personales sobre las que se construye y el ambiente masculinizado y mayoritariamente masculino en el que se desarrolla. Solamente el Rey –el de España- se va de rositas; eléctricas, constructoras y medios de comunicación, además de, evidentemente, los propios partidos, se llevan lo suyo.

Hay algo inquietante en que Atresmedia Cine, que en principio debería verse señalada, como uno de los dos grandes grupos mediáticos de este país, haya participado en levantar un proyecto así. ¿Se puede ser juez y parte? ¿En esto ha quedado la reacción a la corrupción, en ver quién produce el mejor espectáculo? ¿Hay tanta resignación, y para otra gente seguridad, que ya todo vale? El reino deja mal cuerpo y arroja preguntas incómodas, que van mucho más allá del ámbito cinematográfico; sería gracioso, si no fuera triste, pensar en qué se habrán tenido que dejar fuera de sus textos las compañeras y compañeros de los grandes medios de comunicación. “El poder protege al poder”, nos dice Bárbara Pastor, perdón, Lennie, durante la película.

Ciñéndonos al cine, El reino es un nuevo triunfo para Rodrigo Sorogoyen. Su dirección imprime un ritmo frenético, que sin embargo es perfectamente capaz de encontrar momentos de pausa relajando el montaje y dejando el protagonismo a la oscuridad y los planos cortos. Antonio de la Torre está enorme liderando un reparto de lujo, en el que nos gustaría destacar a Luís Zahera, que consigue adueñarse de la pantalla independientemente de quien haya al lado. Esperen ver El reino en todas las quinielas para la temporada de premios. No tengan dudas de que disfrutarán de una gran experiencia cinematográfica. Pero, aunque nos encantaría equivocarnos, no podemos ser optimistas respecto a su capacidad transformadora.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

 

 

Dejar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Input your search keywords and press Enter.