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El niño de fuego: Conócete a ti mismo
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El niño de fuego: Conócete a ti mismo

No destaca por lo novedoso, pero la oportunidad que brinda tanto a implicados como al público de conocer este tipo de historias ya justifica de por sí el proyecto

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El niño de fuego, debut en el cine de Ignacio Aconccia -quien también se hace cargo del guión-, basa la fuerza de su propuesta en lo impactante que resulta la vida de su protagonista, un chico de 17 años llamado Aleixo que de pequeño sufrió quemaduras en el 91 % de su cuerpo a raíz de un accidente automovilístico con su padre. Sin embargo, el director decide «presentar» su planteamiento de una forma indirecta: es la madre de Aleixo quien, leyendo una carta de su hijo, traslada el dramatismo y la dureza cotidiana de lo que vamos a ver a continuación. El mecanismo de sugerir antes que mostrar, tan utilizado en infinidad de películas, es una manera inteligente de comenzar una narración que se guarda sus cartas más explícitas para el resto del metraje.

Las lágrimas de la madre recordando aquel suceso que les marcó a nivel familiar dan paso a un seguimiento de este «niño de fuego» a lo largo de su rutina más de 10 años después de aquel fatídico momento. Aleixo es un chico marcado por fuera, pero Aconccia está especialmente interesado en rastrear los efectos internos de ese accidente. Fumador habitual de marihuana, introvertido y con muchos momentos de dudas, nuestro protagonista se mueve entre el cariño de su familia y su intento de expresar lo que siente por dentro, algo tan evidente como complejo de superar. Su forma de hacerlo es a través de la música, una salida que vuelve a apuntar hacia el arte como forma de manifestación de nuestras emociones más soterradas. Lo veíamos este año en otro documental español como Pa’trás n pa’tomar impulso, en donde el baile le servía a Carmen Mesa para dejar fluir todas las frustraciones vitales que sentía.

El niño de fuego: Conócete a ti mismo

Justamente la comunicación de este conflicto interno, de complicada expresión por parte de una persona que evita hablar del mismo, justifica el interés de un punto de partida que, en otras manos, podría haber caído en la explotación del impacto externo del protagonista. En esta línea, la presentación inicial -efectiva ya de por sí por la inteligencia de la elección- cobra más sentido. Aunque el físico de Aleixo comunica más que muchos de los diálogos, El niño de fuego no llega a caer en el morbo, y se aleja de derroteros a lo «hombre elefante» sobre las reacciones de la sociedad ante una persona con tan fatídica experiencia. Esa hubiese sido una elección más fácil -y trillada-, por lo que, independientemente de la calidad del producto final, se agradece la valentía del planteamiento.

No estamos hablando de la mayor muestra de originalidad del año pero, donde podrían haberse subrayado las marginaciones sociales o el rechazo al diferente, todo son gestos de apoyo: la fiesta de cumpleaños, el regalo de su padre, la vida con su madre, su condición de tío ante el nacimiento del bebé de su hermana, su incursión en el rap… Incluso en un contexto tan difícil como el laboral, El niño de fuego siempre nos muestra momentos de inclusión. Esto no quiere decir que sea un retrato edulcorado ni mucho menos, sobre todo sabiendo que el espectador es quien va a completar el resto de las situaciones.

Viendo la dirección del documental, es lógico pensar que el trabajo de Aconccia tiene mucho de homenaje a la figura de Aleixo, a quien fue filmando a lo largo de los últimos 5 años, y que este retrato tan cercano sea una forma de refuerzo hacia su historia. Sin embargo, funciona también como producto independiente, con un arco dramático que, sin expresar conclusiones absolutas -que por otra parte serían difíciles de creer-, nos habla de alguien que, en plena época de encontrarse a sí mismo (la adolescencia), tiene que aceptarse y seguir hacia adelante.

El niño de fuego: Conócete a ti mismo

Desde el punto de vista documental, el equilibrio entre lo próximo del relato y el respeto por no caer en lo efectista habla bien de las intenciones de este debut. Aún así, considero que es una película que puede basar sus puntos fuertes más en sus propósitos -y aciertos de base ya mencionados- que en el propio desarrollo de las imágenes. Siendo una cinta necesaria y con una evidente intensidad emocional por parte de todos los implicados, el nudo discurre dentro de los derroteros habituales que podemos esperar de un planteamiento con estos mimbres. Obviamente no se le piden giros narrativos ni elementos sorpresivos, pero, dentro de una correcta toma de decisiones, no sé si tendrá un recorrido perdurable en la memoria de un espectador más externo a la historia.

Pese a todo, vuelvo a destacar lo valiente de la propuesta de El niño de fuego; el buen gusto por no explotar a un personaje que podría haber dado para un relato más de trazo grueso y la inteligencia de un punto de partida en un debut como ante el que nos encontramos. No destaca por lo novedoso, pero la oportunidad que brinda tanto a implicados como al público de conocer este tipo de historias ya justifica de por sí el proyecto.

 

Jorge Dolz (@J_Dolz)

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