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El Ministerio del Tiempo: la Nueva Sinceridad con la historia de España
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El Ministerio del Tiempo: la Nueva Sinceridad con la historia de España

La serie de los hermanos Olivares utiliza todas las armas del metalenguaje y la ironía posmodernas, pero las pone al servicio de un mensaje emocional y honesto que busca hacernos mejores

En el capítulo octavo de la tercera temporada de El Ministerio del Tiempo, Tiempo de Conquista, la patrulla viaja a los primeros días de la Conquista de América y se enfrenta a un grupo de colonizadores españoles. Alonso de Entrerríos, soldado de los Tercios de Flandes del siglo XVI que trabaja para el gobierno español del siglo XXI, acaba enfrentándose a su propio abuelo, al que tenía por una especie de héroe legendario y que acaba descubriendo, en un shock para el personaje, que era un hombre cruel, egoísta y sin conciencia.

El final del episodio muestra a Entrerríos, interpretado por Nacho Fresneda, recordando con ternura las historias sobre ese abuelo heroico y falso que le contaba su padre cuando era niño. El adulto Alonso, mucho mayor de lo que llegó a ser su progenitor, se reconcilia con esas historias porque comprende que estaban destinadas no solo a hacerlo más feliz a él como niño, sino a sanar al hombre que se las contaba. Y entiende también que ese ejemplo ficticio sirvió para hacerlo la persona que es ahora, una mejor, más buena y más sabia, que el verdadero abuelo al que acaba de conocer. 

Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda) en ‘El Ministerio del Tiempo’

Entrerríos, posmoderno, deconstruido, no reniega de su identidad, sino que comprende las circunstancias que la construyeron, acepta sus partes negativas para poder evitarlas en el futuro y abraza a la persona en la que eso lo convierte para seguir adelante. Es un momento discursivo sublime y necesario en la ficción española actual. Pero que además se ha adelantado o ha ido al mismo ritmo que el de las grandes ficciones mainstream mundiales. 

El Ministerio del Tiempo es la Nueva Sinceridad.

 

Algo supuestamente divertido

David Foster Wallace en una conferencia de enero de 2006. Foto: Wikimedia 

La Nueva Sinceridad es un movimiento o enfoque estético para la ficción –aunque ha tenido otras aplicaciones– derivado de los planteamientos del escritor estadounidense David Foster Wallace. Wallace desconfiaba de la ironía posmoderna, dominante en el discurso público y en la cultura estadounidense de los 90 y primeros 2000, y que hoy en día podemos disfrutar en las redes sociales. Según el autor de Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, la ironía había perdido su función primordial, la ridiculizar al poder o a los manipuladores, pasando a convertirse en sarcasmo o autorreferencia, y provocando una distancia emocional respecto de los mensajes públicos que resultaba fría e insatisfactoria.

(Sobre el uso de la ironía en el discurso público recomendaremos Ironía ON de Santiago Gerchunoff, que rebate en parte a Wallace para reclamar el papel del ironista como el del niño que señala que el emperador va desnudo).

Wallace y quienes posteriormente han retomado sus propuestas aplicaban este mismo análisis a la deconstrucción y el metalenguaje posmoderno. El sobreanálisis y la multiplicidad de referencias acaban por convertir el juego de la ficción en algo vacío, que no produce ningún mensaje útil más allá de la autosatisfacción nerd, hispter o cultureta –elija usted según edad y malas experiencias–.

Esto, por incluir alguna referencia local, lo explicaba muy bien Álex de la Iglesia, cuando afirmaba que es más arriesgado decir lo que te gusta que lo que no, porque al señalar lo malo te sitúas por encima, pero al admitir lo que te emociona te expones y eres vulnerable. La posmodernidad, la deconstrucción, la ironía, la cultura del zasca, la competición por la superioridad moral, el análisis más mordaz, la vuelta de tuerca más certera… nos agotan. Para nuestra generación son más pesados que algunas visiones del mundo edulcoradas de otros tiempos.

Sin embargo la Nueva Sinceridad no propone recuperar lo que se identifica como vieja ingenuidad, no propone volver a una niñez en la que se ignoran los vectores oscuros de la ficción y de la vida. La Nueva Sinceridad lo que plantea es que podemos agarrar todos los elementos de la posmodernidad y de la ironía que nos han ayudado a conocernos mejor y utilizarlos para mostrar nuestras verdaderas emociones

La Nueva Sinceridad invita a creadores y espectadores a desnudarse y mostrarse tal cual son, a correr el riesgo de huir de modas, arquetipos o disfraces para evitar el zasca. La Nueva Sinceridad es René de Residente. La Nueva Sinceridad es Spiderman: Un nuevo universo –no el resto de Marvel, pero eso lo discutimos en otro lugar si alguien quiere–. La Nueva Sinceridad es Dolor y Gloria, aunque Almodóvar no lo sepa. La Nueva Sinceridad es Chiquito de la Calzada

 

España insincera

Julián (Rodolfo Sancho) en ‘El Ministerio del Tiempo’

El Ministerio del Tiempo es Nueva Sinceridad en su tratamiento de la historia de España y de la representación POP de la misma porque en lugar de renegar de su acervo, de ignorar los análisis posmodernos o de dejarse arrastrar al nihilismo por esto, los incorpora a todos para intentar lanzar un mensaje ajustado al momento histórico y que los supere en optimismo. No propone ignorar lo malo, sino construir lo bueno a partir de ello sin dejar de saber que existe.

En las dos primeras temporadas, mientras los calendarios y los presupuestos lo permitieron, Rodolfo Sancho en su personaje de Julián funciona como filtro del punto de vista del espectador y le mastica algunas explicaciones. MdT es posmoderno porque cuando la serie se parece a Terminator versión Curro Jiménez, Sancho hará bromas con las dos series. Pero esos guiños, que molestan al espectador resabiado, no son giros vacíos como un Ready Player One o una película Marvel que avanza a supervelocidad, sino técnicas de guion que intentan alcanzar a espectadores de todo tipo y que lo hacen mediante la emoción. 

La serie también es sincera en momentos como el capítulo 8, ‘La leyenda del tiempo’, en el que Julián se hace amigo de Federico García Lorca. Para nosotros, espectadores del siglo XXI, Lorca es el símbolo de la muerte prematura, del potencial truncado por la Guerra Civil, que simboliza el de toda España, y somos capaces de leer toda su obra como una premonición de ese mismo final trágico. Usarlo como catarsis para el deseo de Julián de impedir la muerte de su esposa, en un final de capítulo tan terrible que es capaz de hablarnos de la inevitabilidad de la muerte, indica que el uso de la historia de España no es al azar, sino que busca una unidad temática y una interpretación determinada.

El capítulo 9, primero de la segunda temporada, presenta un Julián deprimido mientras sus compañeros investigan a un falso Cid. Toda la entrega parece un homenaje al Robin Hood de Ridley Scott, con un Campeador verdadero y falso al mismo tiempo, al que Alonso de Entrerríos sustituye en la batalla para que pueda combatir después de muerto, y en el que se usa el giro magnífico de que el Cid no crea a la leyenda, sino que la leyenda crea al Cid.

Básicamente, el capítulo destila Nueva Sinceridad cuando nos presenta una construcción netamente posmoderna y POP, en la que los creadores se ríen de Charlton Heston, del Franquismo y hasta de Menéndez Pidal, para admitirnos que probablemente, sí, Rodrígo Díaz fue una bestia parda que mataba por dinero y no tenía los valores del literario. Pero que este último, aunque sepamos lo anterior, sigue siendo válido y útil para nosotros en el siglo XXI si sabemos aprovechar los valores que transmite y actualizarlos. Que nosotros, cuando usamos los valores de El Cantar para ser mejores, somos El Cid. 

 

No es país para ‘Imperiofilias’

el-ministerio-del-tiempo-cine-con-ñFotograma de la 3ª Temporada de ‘El Ministerio del Tiempo’

La ironía pierde vigencia cuando abandona su propósito original de hacer explícito lo impostado, lo falso o engolado, y pasa a situar al ironista por encima de lo que comenta. También cuando se convierte en un mero juego de ingenio autorreferencial que mecaniza aquello que se cuenta. De la misma manera, deconstruir la Historia hasta que no quede nada tras ella o solo pueda usarse por parte de los manipuladores o los salvajes es un ejercicio vacío. Pero extraer de ella aquellos valores que nos han traído hasta aquí y saber adaptarlos para ser felices es algo mucho más complicado, que exige un esfuerzo de sinceridad aún mayor, y cuya recompensa merecerá la pena.

El Ministerio del Tiempo, pues, es Nueva Sinceridad porque no aboga por la mentira piadosa o por una versión edulcorada de la sociedad, sino por admitir todo lo malo y aún así decidir que vamos a trabajar por ser mejores. Que vamos a expresar emociones genuinas a pesar de lo que otros puedan pensar de ellas, y que aunque somos capaces de expresarnos mediante la parodia o el latiguillo hiriente, preferimos abrazar el homenaje gozoso y la nostalgia de la ternura, simplemente porque así nos sentimos mejor y hacemos sentir mejor a los demás.

En tiempos de Imperiofobia e Imperiofilia, donde la huella del Franquismo nos ha hecho renegar de nuestra propia memoria colectiva y la necesaria deconstrucción de la misma por el antirracismo, el feminismo y otras lecturas nos hace verla como algo extraño y ajeno, El Ministerio del Tiempo nos invita a reconciliarnos con ese padre que nos creó un abuelo idealizado más por él que por nosotros pero, sobre todo, a no permitir que ese conocimiento autorreferencial nos haga renegar de las emociones que esto nos produce, sino a utilizarlas para evolucionar hacia un lugar donde no sea necesaria ni la separación del ironista, ni la ingenuidad que nos pide el manipulador.

Y por eso Alonso de Entrerríos, Amelia Folch o Pacino no son los héroes que España merece, pero quizás sí los que necesita.

 

Jose A. Cano (@caniferus)

La precuela de la Temporada 4 de ‘El Ministerio del Tiempo’ (Antes de que no haya tiempo) ya está online. Puedes ver las 3 primeras temporadas gratis aquí

4 comments

  • Maribel

    Un análisis maravilloso de mi serie preferida. Muchísimas gracias.

  • Eriel Ramos Pizarro

    «El Ministerio del Tiempo, pues, es Nueva Sinceridad porque no aboga por la mentira piadosa o por una versión edulcorada de la sociedad, sino por admitir todo lo malo y aún así decidir que vamos a trabajar por ser mejores.»

    Mejor dicho, imposible. Como análisis de la serie, y como principio de vida.

    Mis cumplidos.

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