Estás leyendo:
El increíble finde menguante: resolviendo retos contra reloj
4 min

 

“No es un bucle. Es una cuenta atrás”. Este es el eslogan principal y frase insignia promocional de El increíble finde menguante. Un leitmotiv que incluso su director, Jon Mikel Caballero, en un discreto estilo ‘torrentiano’, llevaba estampado en su camiseta durante la presentación de la película en el pasado Festival de Málaga. En realidad, es una negación/aclaración que va más allá del marketing; condensa en dos partes uno de los objetivos de la película: subvertir lo visto anteriormente sobre repeticiones temporales en el cine. Y lo hace de una manera que hace de la originalidad «de género» su mérito menos importante.

El bucle, tal y como pasa en la clásica Atrapado en el tiempo, es una herramienta para contar el arco psicológico de su protagonista en esa vuelta eterna. En este caso se trata de Alba (Iria del Río), una treintañera distraída y poco comprometida. Caballero es hábil en no caricaturizar en exceso la personalidad de su personaje principal, aunque va dejando muestras en cada conversación -y sus distintas variaciones- de las claves generacionales, socioeconómicas y personales que la atraviesan mientras va a la deriva de una repetición evasiva.

Mientras el personaje vaga sin propósito, el formato del plano se va estrechando, aumentando poco a poco los negros laterales. Caballero utiliza una estrategia formal, que funciona de principio y a fin, para explicar lo inexorable de un finde que se acorta sin necesidad de contarlo a través de los diálogos de sus personajes. Un gusto. Además, resuelve sin mucho artificio lo que va metiendo en el plano y lo que se queda fuera, jugando bien con los diferentes elementos que tiene a su disposición. A eso le sabe acompasar además una ambientación natural, llena de exteriores, y un look indie cálido y funcional.

Es cuando se da cuenta de que se le está acabando el tiempo que Alba empieza a ver las cosas de otra manera. Así es como la película crece en complejidad y adquiere un ritmo que se estaba empezando a echar peligrosamente en falta una vez pasados los primeros compases. El clic del cambio aparece entonces por necesidad, como casi siempre. Alba tiene que encontrar una salida obligada si no quiere desaparecer; por pura supervivencia encuentra un propósito, un plan al que agarrarse. La vida vuelve a estar en el centro en esa contrarreloj. Y en esa lucha contra los segundos hay que descubrir qué vida hay que tener para que merezca ser vivida.

De la mano de una cada vez más sólida y omnipresente Iria del Río, el filme encuentra el tono que mejor le funciona una vez se va acercando el desenlace y todo es cada vez más desesperado alrededor de Alba. El montaje se acelera, pero las piezas que su director ha puesto sobre la mesa se van juntando sin demasiado atropellos sentimentales y sin implantes metafóricos. Incluso los personajes secundarios, pese a ser en ocasiones accesorios, encuentran también su desarrollo dentro de ese mismo frágil espacio-tiempo.

Debut esforzado y con carácter propio, El increíble finde menguante resuelve los diferentes retos que se va poniendo en el camino. Jon Mikel Caballero se ha metido de lleno en una estructura predefinida, ya vista, y le ha sabido dar el fondo y forma frescas que estaba buscando. Una incursión temporal en el desasosiego de los jóvenes españoles que, como hace Grant Williams al final de El increíble hombre menguante, reivindica con razón no desaparecer en la inmensidad de la cartelera.

 

Arturo Tena (@artena_)

 

Dejar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Input your search keywords and press Enter.