Estás leyendo:
El caso Alcàsser: la serie que va de más a menos sobre un proceso abierto
7 min

La tragedia de las niñas de Alcàsser, el caso Alcàsser, supuso un hito en la convulsa crónica negra española de finales de siglo XX. La forma en la que se abordó el caso y la repercusión social sin precedentes que lo acompañó marcó un antes y un después en la relación entre la justicia y los medios de comunicación. Cuando se cumplen 28 años del triple asesinato que conmocionó a todo un país, un nuevo giro de guion ha vuelto a poner sobre la palestra un crimen grabado a fuego en el imaginario colectivo de una sociedad a la que le cuesta olvidar.

Hacemos referencia a los huesos encontrados por un vecino de la localidad valenciana de Piles, el 24 de junio de 2019, en el lugar donde encontraron los cadáveres de Toñi, Miriam y Desireé. Tras un estudio de ADN prolongado por la pandemia, en la última semana se ha conocido que la investigación ha terminado por corroborar que los restos óseos aparecidos pertenecían a una de las víctimas. Concretamente a Miriam García. El descubrimiento no hace más que constatar la complejidad de un caso empeñado en no terminar de cerrarse nunca, al tiempo que resucita viejos fantasmas.



La serie El caso Alcàsser en Netflix: de más a menos

El responsable del hallazgo de los huesos acudió junto a su novia al fatídico paraje de La Romana, donde Antonio Anglés y Miguel Ricart sesgaron la vida de las tres niñas, movido por la curiosidad que le había suscitado el estreno en Netflix de la miniserie documental, El caso Alcàsser, dirigida por Elías León Siminiani. A través de sus cinco capítulos se hace una minuciosa reconstrucción tanto del asesinato como de todo el proceso judicial y mediático que desencadenó, cuyos ecos todavía siguen resonando casi tres décadas después, tal como se ha constatado.

 

Aunque claramente va de más a menos, la serie ayuda a hacerse una idea de lo que supuso el asesinato de las tres menores dentro de una España que buscaba despegar tras su larga transición democrática. Un caso que tiñó de negro un año marcado por las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla. Así es como comienza precisamente la serie, haciendo una contextualización de ese año 1992 en el que ocurrieron los hechos. A partir de ahí, el documental nos ofrece un minucioso recorrido temporal a través de los capítulos más destacados de un caso con multitud personajes y aristas sueltas.

Esta crónica queda divida en cinco episodios que, con un marcado deseo de objetividad, intenta reconstruir con detalle tanto el asesinato como los convulsos años que sucedieron al triple crimen. Para ello cuenta con una gran cantidad de testimonios de personas que vivieron el caso muy de cerca. Aunque también se echan de menos otras tantas, que se negaron a participar en el documental. A través de abundante material de archivo, la serie recrea de una forma muy gráfica la secuencia de acontecimientos y nos lleva a los lugares donde se fraguaron los hechos.

En este sentido, el primero de los capítulos, que retrata los meses que van desde la desaparición de las niñas al descubrimiento de los cadáveres, está construido de forma magistral. Con el estilo personal de León Siminiani, este aparece, junto con el productor de la serie y una investigadora, como un detective en busca de respuestas sobre un asesinato con tanta preguntas todavía por resolver. A los que hayan visto Apuntes para una película de atracos (2018), no le sorprenderá el estilo que adquiere en algunos momentos la trama. Aunque no se involucra a nivel personal, como en el caso del documental sobre ‘El Robin Hood de Vallecas’, León Siminiani sigue los pasos que antes dieron sus protagonistas para intentar desentrañar desde dentro los entresijos del caso más mediático de la crónica negra española.

Además de la reconstrucción del asesinato, ese primer episodio se cierra con uno de los momentos más recordados del proceso: la lucha despiadada de las diferentes cadenas de televisión por dar cobertura al caso. En un momento en el que estaba germinando un nuevo sistema audiovisual en nuestro país con motivo de la aparición de la televisión privada, la necesidad de audiencia llevó a las diferentes cadenas a superar ciertos límites que hoy consideraríamos impensables que se llevasen a cabo.

El día que aparecieron los cadáveres el pueblo de Alcàsser se convirtió en un gran plató de televisión en donde, cual rapiñas, los diferentes medios se pegaban por ver quién retrataba con más crueldad el dolor de las familias y la indignación de los vecinos. Y a la cabeza se encontraban los dos programas más seguidos en la época: Quién sabe dónde (TVE) y De tú a tú (Antena 3). Esa guerra entre Paco Lobatón y Nieves Herrero hizo que se pisotearan todos los códigos deontológicos de la profesión periodística, realizándose una descarnada cobertura en director de la tragedia de las familias.

A medida que se suceden los capítulos, la serie va perdiendo intensidad al tiempo que se enroca en las idas y venidas sobre las teorías de la conspiración que durante años mantuvieron Fernando García, padre de Miriam, y Juan Ignacio Blanco, periodista y criminólogo, que se pasearon por los platós de televisión de toda España alentando a la opinión pública sobre la existencia de macabras snuff movies y supuestas organizaciones satánicas, integradas por personalidades importantes, que fueron los responsables últimos del crimen. El afán de protagonismo de estos dos personajes se impone en el documental del mismo modo en que lo hicieron durante el tortuoso proceso judicial y mediático.

 

Las víctimas, las grandes olvidadas

A partir del tercer episodio la figura de las tres niñas se desvanece y el caso deriva en un rocambolesco show que roza peligrosamente lo esperpéntico. Un espectáculo del que se desmarcaron algunos de los familiares de las víctimas, como Rosa Folch, madre de Desireé, que sirvió únicamente para que se empantanase todavía más un caso con tantas dudas.

En este sentido, El caso Alcàsser parece posicionarse definitivamente incluso desde su propia selección de planos con la versión oficial de la sentencia, poniendo en duda la congruencia de las teorías alternativas de la que todavía multitud de personas siguen creyendo. A pesar de todo, retrata muy bien la polaridad entre el proceso penal contra el único acusado, Miguel Ricart, y el juicio mediático que alentaron programas como Esta noche cruzamos el Mississippi (Telecinco) y El Juí d´Acàsser (Canal 9). Un capítulo negro y vergonzoso de la historia de la televisión española.

La serie documental de Netflix culmina con la sentencia del interminable juicio, donde se constató las grandes irregularidades de una investigación siempre puesta en duda por la opinión pública y torpedeada por la fe ciega de un padre obcecado en enfrentarse a la teoría oficial. En este sentido, la miniserie dejará insatisfechos a aquellos que busquen en ella el lado más morboso del caso. Lo que mejor constata, sin lugar a dudas, es el cúmulo de despropósitos que rodearon todo el proceso, en el cual las propias víctimas (al igual que le sucede al documental) se convirtieron en las grandes olvidadas.

 

Adolfo Monje Justo (@adolfo_monje)


Puedes ver El caso Alcàsser online en Netflix.

Dejar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Input your search keywords and press Enter.