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El Drogas: viaje íntimo con Enrique Villarreal
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Los grupos que dieron forma a lo que se conoce hoy como rock urbano español rondan los 40 años de vida. Los viejos rockeros nunca mueren, pero ya tienen nietos. Pese a que la mayoría suelen ser algo reacios a mirar atrás, cuatro décadas dan perspectiva -y nostalgia- suficiente como para empezar a hacerlo. Uno de los que se ha atrevido a dar el paso –además de su amigo Rosendo– es Enrique Villarreal, AKA El Drogas, que protagoniza un documental sincero, con algunos perdonables vacíos por su planteamiento, sobre su vida y su carrera en la música.

Dirigido por Natxzo Leuza, lo primero que hay que decir de El Drogas es que es un documental en el que ha participado muy activamente su «objeto de estudio». Villarreal y su entorno más cercano se han implicado al 100% en el proceso de creación, dando amplio acceso a su memoria, documentos y pensamientos. Incluso ha hecho que el músico haya estado una larga jornada en el Festival de San Sebastián presentando la película.

Este acercamiento directo tiene sus cosas buenas -la gran mayoría- y otras que se hacen flojas por el propio planteamiento del documental. Lo positivo es lo más obvio: durante 80 minutos tenemos la oportunidad de estar muy cerca de Enrique. Cualquiera que haya seguido su trayectoria estará muy interesado en conocer detalles de sus orígenes en Chantrea, de cómo nació su pasión por la música o cómo se originó la banda que le hizo tan popular, Barricada. El Drogas se sienta y cuenta sin miedo a mostrarse vulnerable.

Además de detalles que valen su peso en oro -esa foto de Villarreal haciendo la mili-, Leuza es capaz de ir dejando píldoras bien dosificadas para entender qué es lo que hace especial a Enrique, qué situaciones o momentos marcaron su vida para ser el tipo de músico y persona que es hoy. Su apego a las personas que son y fueron importantes, la construcción de su personaje musical o la familia que tiene componen satisfactoriamente el puzzle de la sensibilidad de un hombre que, aparentemente, ha llegado a la serenidad plena.

Este enfoque personal, más que legítimo, al principio sigue el canon clásico del documental. Se empieza desde el nacimiento de Enrique y se sigue avanzando por los momentos más importantes de su vida. Hay mucho detalle y contexto de la época hasta que se llega a mediados de los años 80, cuando Barricada brillaba al máximo con Boni y El Drogas en modo imparables. Pero a partir de ahí el relato histórico se desdibuja en favor de la interesante figura de Enrique.

Leuza sale del documental biografico-histórico del inicio para acabar centrándose más en lo íntimo y psicológico. Este cambio de rumbo deja con sabor a poco todo lo que viene desde los 90 hasta las dos décadas del siglo XXI: se abandona la trayectoria de Barricada y se olvida la escena del rock español de la época, aún hoy un territorio poco explorado en el audiovisual si se tiene en cuenta su gran popularidad. Con ese inicio con tanto contexto, es inevitable echar luego de menos algunos huecos en la historia que no se llenan sólo con los pensamientos de Enrique, su familia y amigos.

En cualquier caso, El Drogas como pieza documental de interés y con carisma durante todo el metraje pese a este ligero cambio de foco sobre la marcha. Sobre todo, si se es consciente de lo que es: un honesto documental sobre la figura y la carrera de Enrique Villarreal, no un repaso morboso a la trayectoria de Barricada ni tampoco un paseo por el ecosistema de grupos que dominaron el rock español de los 80 y los 90.

 

Arturo Tena (@artena_)

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