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Desenterrando Sad Hill: el poder del cine
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No nos gusta el cine por nada. Las películas nos transportan a mundos diferentes, nos muestran otras realidades y hacen volar la imaginación. También hay determinadas películas, ya sea por sus características específicas, porque fueron vistas en un momento determinado de la vida, o por las dos e incluso más motivos, que acaban trascendiendo su propia condición de películas para convertirse en acompañantes de nuestras vidas. Nos recuerdan quiénes fuimos, quiénes queríamos ser, o también aquellas personas que nos las enseñaron por primera vez y aquellos momentos de pura fascinación que nos provocaron. Pocas películas se prestan tanto a hace volar nuestra imaginación como las películas del oeste, los westerns.

El bueno, el feo y el malo es un gran ejemplo de esto. Rodada en 1966, supuso la culminación de una parte de la carrera de Sergio Leone, y también la definitiva europeización del western, un género típicamente americano que sin embargo alcanzó alguna de sus mayores cotas gracias a un director italiano. Para España este film tiene incluso más significado si cabe, ya que se rodó aquí, entre Almería y Burgos. Oro puro para aquellas personas que sientan un gran amor por la película. Pueden visitar sus escenarios o conocer a quienes el rodaje les cogió de lleno en el lugar y momento oportunos. Esto es precisamente lo que ha hecho la Asociación Cultural Sad Hill, responsables del proyecto de volver a levantar el cementerio en el que tiene lugar la escena final y el documental que ahora nos ocupa.

Desde 2014, varias personas aficionadas a la película se empezaron a reunir para “recuperar los escenarios usados en la provincia de Burgos para el rodaje, especialmente el cementerio ficticio de Sad Hill (ubicado en el término municipal de Santo Domingo de Silos)”. Lo que empezó siendo poco menos que el sueño de unos pocos locos terminó por involucrar a cientos de personas y llegando hasta los mismísimos Clint Eastwood y Ennio Morricone, que son solo algunas de las personalidades relacionadas con el film de Leone que aparecen en el documental dirigido por Guillermo de Oliveira.

La autenticidad de la película, de los hechos narrados y de la implicación de sus personajes es la mejor baza de la película. De hecho, Desenterrando Sad Hill esquiva el riesgo de ser un reportaje televisivo gracias a la enorme emoción que trasmite. Sus virtudes no son grandes hallazgos visuales o una estructura narrativa sorprendente, sino la enorme emoción que trasmite a quien la está viendo, entre otras cosas porque vemos esa auténtica emoción en las personas que aparecen en pantalla. Es cierto que, más allá del contagio, Desenterrando a Sad Hill puede dejar frías a aquellas personas que no compartan un gusto por el cine del Oeste o por las películas de Sergio Leone (o por Metallica). Pero esto no le resta ningún mérito, aunque seguramente sí impacto, a esta bella historia sobre el poder del cine.

Decir que el proyecto de fondo es más interesante que la peli no es una crítica a esta, sino un merecido aplauso al proyecto. Desenterrando Sad Hill es una buena película precisamente porque consigue captar, de manera directa, sencilla y auténtica, la satisfacción que estas personas sintieron al hacer realidad el sueño de ver construido de nuevo el cementerio del final de El bueno, el feo y el malo. Una bonita historia sobre los efectos del cine en las personas y la capacidad de maravillarse, y un buen ejemplo de lo que pueden hacer un grupo de personas trabajando juntos por un objetivo común.

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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