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Dehesa: una buena manera de descubrir nuestro propio paisaje
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Dehesa: una buena manera de descubrir nuestro propio paisaje

Aunque su interés fílmico puede ser menor que otras apuestas, es un buen documental para el estudio del paisaje y los pobladores de esta zona de España

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Dehesa, el bosque del lince ibérico supone una nueva incursión del naturalista y director de documentales Joaquín Gutiérrez Acha en nuestros parajes más cercanos y, aunque resulte paradójico, quizás desconocidos para el público mayoritario en este país. Con una factura técnica encomiable -no en vano Gutiérrez Acha ha colaborado en medios con tanto renombre en este tipo de producciones como National Geographic o la BBC-, la narración que nos ocupa habla sobre ese mundo desconocido que cohabita con el ser humano en una extensa área de la Península Ibérica.

Precedido por el éxito de su documental anterior, Cantábrico (2017), el visionado de las dehesas parece remitirnos a ese famoso diálogo entre Sean Penn y Jim Caviziel en La delgada línea roja (1998, Terrence Malick), donde el segundo le decía que “había visto otro mundo”.

Acostumbrados a las historias urbanas o a los documentales sobre personajes carismáticos -como ejemplo tenemos el reciente impacto de Muchos hijos, un mono y un castillo-, el principal acierto que destaco de este documental es el de centrarse en un territorio que, justamente por su proximidad, parece “hacerse de menos” en favor del exotismo de la selva amazónica o la sabana africana. Tomando la presencia del lince ibérico como bandera -animal que ya retrató el director en trabajos anteriores-, Dehesa ofrece un amplio retrato de los seres y organismos que pueblan uno de nuestros paisajes más típicos, incluyendo, como un “actor” más del ecosistema, a los propios humanos. 

A partir de una introducción en la que se nos da un contexto histórico sobre el cambio que ha supuesto nuestra acción sobre la dehesa a lo largo de los años, el realizador pasa a retratar el contexto actual desde la perspectiva de un pacto en el que todos los seres vivos necesitan coexistir para tener su propio espacio. La dehesa no es de nadie y es de todos aquellos que la pueblan al mismo tiempo. El documental realiza una radiografía -a través de diferentes estaciones, momentos del día y la variedad de tipologías dentro del paisaje- de quiénes son los protagonistas de estas tierras.

La producción opta por mostrar a los diferentes seres vivos como si de un gran mosaico natural se tratara, evitando volver sobre flora y fauna una vez ya han aparecido en el metraje. Sin embargo, la sensación de interrelación que desprenden todos los miembros de este paraje, como si de un gran puzle se tratara, está presente en el documental, lo cual supone el otro gran punto a favor del mismo. El “cómo” aproximarse al objeto de estudio siempre condiciona el material, y esta visión coral supone un acierto por el carácter global -toda presencia es necesaria, sin necesidad de “reyes de la selva”- que se aprecia. 

Como ocurre con la gran mayoría de las reglas, también hay excepciones que también las confirman, como el lince ibérico. Este animal, en peligro de extinción hasta hace unos años, aparece en varias ocasiones y llega a darle parte del nombre a la cinta. Sin embargo, intuyo que pueda deberse a una cuestión más comercial -parece que se prepara al público para identificar quién lleva el peso en las narraciones, recelando de los productos sin protagonismo claro- que puramente diegética, ya que en ningún caso asistimos a un documental centrado en este animal. Es cierto que contraviene las posibles expectativas previas que se puedan tener, pero a la larga el camino escogido es más estimulante. 

Dentro de sus aspectos menos celebrados, la voz en off -muy propia de documentales de corte televisivo- podría resultar un recurso repetitivo (incluso fácil), sobre todo si se compara con obras (con componentes de ficción) como El oso (1988, Jean Jacques Annaud). De todas formas, es un comentario que está directamente relacionado con la subjetividad de quien suscribe estas líneas, siendo ambos productos dos aproximaciones diferentes al mundo natural. Eso sí, justamente esta comparación con la película de Annaud pone de relieve el menor interés que desde un punto de vista estrictamente fílmico supone esta aproximación, por acertada y reveladora que pueda ser en un contexto biológico. 

Dehesa, el bosque del lince ibérico es un documental con un alto interés dentro del estudio del paisaje y sus pobladores, y especialmente relevante para el espectador local por lo sorprendente que resulta el descubrir nuestro territorio y admirar su “exotismo”. Sin embargo, el puro interés fílmico -afirmando que la cinta esta bien construida y es fiel a su mensaje colectivo- está por debajo.

 

Jorge Dolz (@J_Dolz)

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