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Dear Werner: salvar el deseo por seguir haciendo cine
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Dear Werner: salvar el deseo por seguir haciendo cine

Una obra valiente, construida por Pablo Maqueda como una forma de penitencia para poder entender su lugar en el mundo y su función como director

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El 19 de noviembre de 1974, el cineasta alemán Werner Herzog inició un largo peregrinar en solitario que lo llevó de Múnich a París. En el camino sintió los estragos del más crudo invierno, pero su objetivo le llevaría a no rendirse y desfallecer: estaba en juego la vida de su amiga, Lotte Eisner, historiadora y crítica de cine, que se encontraba gravemente enferma. En su constante afán por emprender causas titánicas, como aquella que le llevó a subir un barco por una montaña en el rodaje de Fitzcarraldo (1982), el que fuera uno de los máximos representante del Nuevo Cine Alemán estaba convencido de que si hacía ese largo camino a pie, la Eisnerin (apodo que le puso Bertolt Brecht) conseguiría sobrevivir. Ese maravilloso acto de amor quedó recogido en un diario de viaje, que años después de la aventura publicaría bajo el título de Del caminar sobre el hielo.

Este pequeño libro será la base de la particular aventura cinematográfica que ahora emprende Pablo Maqueda en Dear Werner (Walking on Cinema) (2020), obra documental que se ha estrenado justo 46 años después de que Herzog diera los primeros pasos en su perpetuo afán por “conquistar lo inútil”. El realizador madrileño se propone emular el viaje llevado a cabo por un director al que admira y al que, en el fondo, debe su pasión por el cine. Con esta película, Maqueda pretende plasmar en imágenes aquellos lugares por donde deambuló el cineasta alemán salvando tormentas y caminando sobre la nieve. Dear Werner nace como una carta de amor, sincera y reverencial, a uno de los directores más personales y carismáticos de la historia del cine.



La película no pretende ser una mera adaptación sobre Del caminar sobre el hielo, sino que toma como excusa el diario de Herzog para armar una profunda reflexión sobre la labor y las dificultades que se encuentran aquellos que se dedican al cine, un camino tan arduo y con tantos obstáculos como el viaje que inició el cineasta alemán. De este modo, Dear Werner está estructurada como si fuera un ensayo, compuesto por un prólogo, siete capítulos y un epílogo.

Este carácter reflexivo de la película de Maqueda nada tiene que ver con el tono épico que en ocasiones adquiere la obra de Herzog. En su diario de viaje, se dedica a describir de manera seca y directa, y con un tono siempre fatalista, su periplo por misteriosos bosques, pueblos desangelados y peligrosas carreteras. En su narración siempre sobrevuela la soledad y la metáfora del viaje como periplo vital. En este sentido, Pablo Maqueda disecciona la obra de Herzog e inserta algunas de esas citas de manera literal en la película, mientras que solitario, cámara en mano, rememora sus pasos.

En ese vagabundeo consigue plasmar la esencia del cine más reconocible de Herzog. Esa naturaleza misteriosa y amenazadora, deudora de la estética de lo sublime romántica. Bosques poblados de densa vegetación, montañas fantasmales, edificios abandonados, ríos torrenciales. Y en medio, la pequeñez del ser humano ante esos paisajes exuberantes pero desolados. Maqueda va compaginando esos planos picados de sus botas en movimiento con planos estáticos de una naturaleza siempre solitaria. Todo ello aderezado con la música enigmática e inquietante de José Venditti, donde encontramos reminiscencias claras a Popol Vuh, grupo de música alemán y colaboradores habituales de Herzog.

Dear Werner es una película intimista de un cineasta enfrentado consigo mismo. Una obra valiente, construida como una forma de penitencia para poder entender su lugar en el mundo y su función como director. Aunque Herzog no aparece en el documental, es omnipresente. Además de poner su inconfundible voz leyendo algunos de los pasajes de Del caminar sobre hielo, su obra se disemina a través de continuas referencias intertextuales durante todo el discurso que construye Maqueda.

 

En la sucesión de los diferentes capítulos que conforman la película, el director de Dear Werner utiliza algunas de las obras más significativas del cineasta alemán como metáforas de sus preocupaciones y anhelos como realizador, una labor repleta de sinsabores pero a la que, aun así, merece la pena dedicar toda una vida. Esto es precisamente lo que le enseñó Lotte Eisner a toda la generación de Herzog; una mujer que vivió la persecución y el rechazo pero que se terminó convirtiendo, con pasión y perseverancia, en todo un referente intelectual en la historia del cine.

Esa admiración ciega que Herzog demuestra por Eisner con su peregrinación heroica es la que ahora quiere expresarle Maqueda a Herzog en Dear Werner. Con una mochila en la que guarda unas pocas prendas, un trípode, una cámara y un puñado de libros, el director madrileño se empeña en recrear una experiencia vital que salve su deseo por seguir haciendo cine, nunca perdiendo de vista la razón de su existencia, tal como reconoce en el epílogo. La labor del cineasta siempre es incierta, como el horizonte del caminante en plena niebla. Hacia ella se encamina Maqueda como otras tantas veces hizo ya su “querido Werner”.

 

Adolfo Monje Justo (@adolfo_monje)

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