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Lo que no sabías de Berlanga
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Pocos nombres más mitificados y conocidos en la historia del cine español que el de Luis García Berlanga (Valencia, 12 de junio de 1921). La celebración de sus películas no ha hecho más que agrandar el interés que hay también en torno a su trayectoria personal y su vida. Todos los que le conocieron destacan su peculiar personalidad, que se vio desde luego reflejada en su forma de entender el cine.

Se podría hablar de todos sus logros, los hitos importantes en los que participó el director valenciano (parte de la primera promoción de la Facultad de Filosofía y Letras de Valencia, en una de las primeras de la Escuela de Cine, fundador de la Academia, premios…), pero nos vamos a centrar en los detalles más peculiares de la vida del genio, muchos de ellos vinculados a su obra.

Una vida en plena Guerra

A Berlanga la Guerra Civil (1936) le pilló con 15 años recién cumplidos. Entonces era un adolescente sin nada que hacer. Decidió aprovechar ese periodo para formarse, haciendo cursos de mecanografía o Comercio. Durante el transcurso de la Guerra se intelectualizó, leyendo libros que robaba de las librerías, redactando poemas e incluso intentando hacer un periódico. También se divirtió, asistiendo a cabarets y experimentando su sexualidad por primera vez.

Pero, pese a estas “vacaciones”, sí que estuvo en la Guerra Civil, ya que el último trimestre fue destinado a la 40 División de Carabineros de Nieto. Tuvo la suerte de que un médico amigo de la familia lo destinara al botiquín, librándose de combatir en el frente. Berlanga no tenía ni la más remota idea de medicina y tuvo momentos muy tensos, como rajar un quiste en el cuello de un comisario político mientras este le amenazaba con pegarle un tiro si le hacía daño.

En 1941 se alistó voluntariamente a la División Azul, ejército de voluntarios españoles que fueron a Rusia para ayudar al ejército alemán. Pero esta decisión fue tomada por un claro motivo: salvar a su padre de la pena de muerte. Le habían puesto una multa de un millón de pesetas y, por aquel entonces, dependiendo del dinero que les dabas a unos intermediarios en Madrid, se te perdonaba la vida o no.

Su padre tuvo la suerte de tener a personas influyentes que le echaron una mano y le avalaron, pero los obreros condenados a muerte que no podían pagar tales cantidades no tuvieron la misma suerte.

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Luis García Berlanga, derecha, en el rodaje de ‘La vaquilla’

Toda esta experiencia hizo que, años más tarde, pudiésemos de disfrutar de su visión sobre la Guerra en películas como La Vaquilla, plasmando en ella a todas esas personas cuyos oficios no tenían nada que ver con su labor en el frente, mostrando el sinsentido de la guerra y la falta de ideología de los soldados, además del sentimiento de estar en el lugar inadecuado en un momento desgraciado.

 

Sus películas y rodajes

Luis García Berlanga y su gran amigo Juan Antonio Bardem decidieron escribir un drama rural en la línea del cine del Indio Fernández. Pero, como pasaba con la mayoría de sus guiones, no gustó a los productores, por lo que tuvieron que rehacerlo varias veces hasta que decidieron contar la historia de un pueblo que soportaba una invasión a base de halagar a sus invasores. Así nació ¡Bienvenido, Mister Marshall!

La cinta fue premiada en el Festival de Cannes, pero tuvieron muchos problemas allí. La delegación americana tuvo la piel sensible y protestó porque, en un momento de la película, se arrastra una bandera americana por un riachuelo. Este problema culmina con la brillante idea, por parte de los productores, de imprimir dólares falsos con retratos de Isbert y Lolita Sevilla y esparcirlos por todo el festival. Como consecuencia de estos sucesos, Berlanga y los productores fueron llevados a comisaría y posteriormente tuvieron que censurar dicha secuencia.

Para más inri, el estreno de ¡Bienvenido, mister Marshall! en Madrid, coincidió con la presencia del embajador de EEUU que, al ver el cartel de la película en plena Gran Vía, pensó que era una burla preparada ante su llegada.

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En un inicio, nadie estuvo contento con El Verdugo. Estrenada en 1963, coincidió con la orden de Franco de fusilar al comunista Julián Grimau y ejecutar a varios anarquistas. Por aquella época, el caudillo era conocido como “el verdugo”.

Por ello, cuando la película de Luis García Berlanga se presentó en Venecia, todo el equipo fue recibido a pedradas por anarquistas italianos que creían que la cinta era una apología a Franco, debido a su título, llegando incluso a intentar prohibirla en Italia. Aunque, tras su visionado, El verdugo recibió el premio de la crítica internacional en el Festival de Venecia.

Por otra parte, en España levanto ampollas. Fue muy censurada, como la omisión de las escenas en las que el protagonista habla de partir a Alemania y, desde luego, a Franco le pareció una ofensa: “Ya sé que Berlanga no es un comunista; es algo peor, es un mal español».

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En 1948, Berlanga empezó a escribir La Vaquilla. Pero no fue hasta 1984 que empezó su rodaje. Recordemos que eran tiempos distintos, y que la censura cohibía a los artistas hasta transformar, en mayor o en menor medida, sus obras. Pero el director fue muy paciente, concretamente más de 30 años de paciencia, ya que tratar la Guerra Civil de manera divertida, era una idea imposible en aquellos tiempos.

Debido a esto, La Vaquilla es una película sobre la Guerra Civil basada en un guion muy antiguo. Muestra como los españoles eran rojos o azules por el circunstancial hecho de haber caído a un lado o al otro. Una desdramatización de dicha guerra. Un alegato al sinsentido de la guerra.

Eran tan perfeccionista, que obligaba a los actores a que repitiesen el mismo plano hasta que quedara perfecto e insuperable. Tal es así que repitió 41 veces la escena en la que Landa corre a la cima de una colina. El único disgusto que se llevó en la realización de la película, fue no poder contar con José Luis Escobar para hacer el papel del marqués, sustituyéndolo por Adolfo Marsillach.

La cinta fue grabada en Sos del Rey Católico, en Zaragoza, y los vecinos colocaron por todo el municipio sillas en honor a las que usaba Luis García Berlanga y su equipo, junto con frases memorables de los personajes de le película. Hace años las fueron cambiando de sitio, pero se ha mantenido hasta la actualidad la que ocupaba el director.

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Su biblioteca erótica

Tras su fallecimiento en 2010, el mayor de sus hijos, José Luis García-Berlanga, encontró una biblioteca privada en el estudio del director en Madrid fuera de lo común, ya que hallaron cerca de tres mil libros sobre el erotismo y la pornografía. Berlanga nunca lo ocultó, pero asombró el inmenso volumen de esta colección.

La biblioteca estaba formada por libros, revistas, manuscritos y estampas (algunos de ellos hasta dedicados) y consta de ediciones francesas, inglesas, españolas y alemanas de los siglos XIX y XX. Según sus descendientes, al director le interesaba mucho el sadomasoquismo y el bondage, y además descubrieron que muchas de estas obras eran muy antiguas, encontrando primeras ediciones de obras de literatura erótica.

En sus viajes, Berlanga siempre aprovechaba para buscar nuevos artículos para su colección. Se dice que, en París y Nueva York, hizo contactos en clubs secretos para comprar estas “reliquias”, hasta el punto de tener que comprar maletas extra para traer a España dicho material.

“Siempre se guardaba tiempo para callejear y volver con algo nuevo que aportar a su colección”, decía José Luis García-Berlanga.

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El 18 de enero de 2018 se subastó la colección a través de la sala de subastas El Remate, cuyo precio de salida fue de 27.000. Por suertes o por desgracia, no hubo ninguna puja de salida, por lo que estas reliquias siguen esperando a encontrar un nuevo dueño.

 

Nana Medina (@kowainana)

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