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Cuerdas: el arma de doble filo al luchar por tu vida
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En plena psicosis colectiva por el coronavirus, se estrena una película española sobre una chica amenazada por los peligros que ha provocado una extraña enfermedad. Ni queriendo. Pero que la influencia de Wuhan no engañe: Cuerdas tiene más que ver con la lucha vital de 127 horas o El renacido que con el caos pandémico de REC. La primera película de José Luis Montesinos, pese a sus referencias y tintes de género de infectados/zombis, prefiere mantenerse líquida en una historia que se mueve en la tensa línea de la supervivencia física a las adversidades y de la superación dramática personal. Un arma de doble filo para el debut en largo de una de las figuras destacadas del profundo mundo del cortometraje español reciente.

Cuerdas, presentada y seleccionada en el pasado Festival de Sitges, gira casi exclusivamente en torno a Elena (Paula del Río), una joven que ha quedado postrada en una silla de ruedas tras un accidente de tráfico. Su padre (Miguel Ángel Jenner) busca encontrar un retiro temporal y pasar unos días juntos en su masía del campo. Pero el perro adiestrado para ayudarla, Atos, empieza a actuar de forma agresiva tras una mordedura y todo se empieza a torcer dentro de la casa. La protagonista deberá encontrar la forma de sobrevivir y salir de ahí.

Montesinos deja clara la apuesta: encerrar en un lugar a un omnipresente personaje con enormes dificultades de movilidad y la amenaza de un peligro costante. Este dispositivo, pese a sus piruetas y saltos mortales, crea situaciones de tensión convincentes, de cine físico con retos bien construidos en puesta en escena y selección de planos. Se siente la urgencia y el agobio de unos encuadres que depositan mucho de su efecto en el rostro de Paula del Río, el gran hallazgo de Cuerdas. La cámara se lanza sobre ella para salir bien de las acciones que plantea, y la actriz responde de sobra pese a la dificultad que implica sostener toda una señora película sin casi réplica.

Del Río también se esfuerza por encarnar los traumas personales y familiares que Yako Blesa y Montesinos han construido para su personaje desde el guion. Pero esa segunda jugada no funciona tan bien. Aunque el empeño de construir un personaje de tres dimensiones es loable, el arco de aprendizaje y superación de Elena no tiene mucho a donde agarrarse al haber planteado una situación tan determinada y restringida (la supervivencia a un peligro real dentro de cuatro paredes). La situación dramática inicial se establece de forma poco sutil y apresurada -seguramente precipitada por la falta de recursos-, y el resto se va sugiriendo y desarrollando con momentos oníricos que están poco integrados en esa primaria lucha por la vida.

Por muy bien que lo haga del Río, Cuerdas busca atacar por dos frentes y no le termina de salir: para que la primera ofensiva (la del thriller de supervivencia) tiene que tomar una serie de caminos que ponen muy difícil que funcione bien la segunda (el arco traumático de Elena). Y ahí Montesinos no ha ensamblado su habilidad para construir pruebas con un personaje dramáticamente complejo con el que identificarse. Esa era una escape room de género como director de la que era difícil salir. Estamos pues ante un debut con suficientes elementos para darle un voto de confianza, pero que sus limitaciones impiden volar más alto.

 

Arturo Tena (@artena_)

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