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30 monedas, capítulo 5: ¿Para qué quieres la pala?
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30 monedas, capítulo 5: ¿Para qué quieres la pala?

El capítulo más denso hasta el momento presenta el mayor desfile de monstruos pero no empasta del todo sus dos tramas paralelas

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El regreso de Mario, el marido desaparecido de Elena, trastoca la vida en el pueblo y saca a la luz secretos ocultos hace años. Por otra parte el padre Vergara deberá recurrir a toda su astucia y su lado más violento para sobrevivir al cautiverio en manos de su peor enemigo. Los protagonistas, además, deberán enfrentarse a la tentación de aquello que llevan anhelando mucho tiempo.



El episodio más arriesgado hasta la fecha, del que nunca sabremos si sus dos tramas habrían funcionado mejor por separado.Algunas piezas dispuestas en la primera mitad de la serie desvelan de repente su función, que no era exactamente la esperada, aunque sí resulta orgánica. El capítulo que obliga a los protagonistas a asumir sus identidades y desvela todo el potencial del villano. Y el más denso, en cuanto a giros, acción y superposición de monstruos en este constante, y perdónenme el tópico, tour de force terrorífico.

30 monedas continúa siendo principalmente, o como elemento más salvable aparte del personaje del padre Vergara, una antología del terror hispano con su propia galería de monstruos, en la que actores conocidos ejercen de villanos episódicos que, y, como en La comunidad, son el versión grotesca de sus papeles más arquetípicos. Paco Tous, de vecino del quinto y honrado obrero al paleto machista y violento, Carmen Machi como una Aída psicópata y posesa, Víctor Clavijo de falso galán o galán zombie…

 

Crítica de 30 monedas capítulo 5 con spoilers

30 monedas, capítulo 5: ¿Para qué quieres la pala?

Estaba tardando Puerto Hurraco, al que se unen un golem y una bruja mucho más cercana al folclore castellano que aquella ida de olla que fueron Las brujas de Zugarramurdi. Tenemos una escena de sexo más terrorífica que algunos asesinatos, prácticamente una violación sobrenatural. Y al personaje de Paco Tous saliendo a cazar tórtolas como esperábamos verlo desde que debutó en el primer capítulo. Eso, solo en el pueblo, en el que se sigue azotando sin piedad a los peores tópicos de la España negra, con la camarera punk de la taberna ejerciendo la función de cuerdo entre los locos y siguiente generación libre de culpas que tenía, por ejemplo, Charly en La Comunidad.


En la trama paralela del Vaticano se acumulan todavía más elementos, con el regreso de los monstruos arácnidos y el ataque a través de los sueños, otro tropo superheroico que aquí recuerda en parte a Carnivale y que trae de vuelta la ambientación Franquista. La representación grotesca del poder da paso a la estética neonazi, de Iglesia inversa y torcida, de los conspiradores cainitas, a los que se opondrá la luminosidad, en negro sotana, de Sandro, el último sacerdote puro, que se queja si Vergara mata. Este continúa con su camino de Lobezno con alzacuellos, ya que su aparente intento de vender el alma es, hasta cierto punto, real: ya está dispuesto a lo que sea por detener a Santoro.

El festival de referencias habitual de esta serie en concreto y de Álex de la Iglesia en general acelera aquí, recordándonos que la moneda es el anillo de El Señor de los Anillos, recordando todos los comics sobre conspiraciones crísticas recientes -aunque sobre todo una vez más Predicador y SHIELD, la mencionada Stigmata de capítulos anteriores y al mismo tiempo, como se ha dicho, El Séptimo Día o las leyendas becquerianas. Además, por supuesto, de las autoreferencias, con Las brujas de Zugarramurdi y El día de la bestia en primer lugar.

Lo que tú llamas milagro yo lo llamo conjuro

30 monedas, capítulo 5: ¿Para qué quieres la pala?

Vencer a la tentación conlleva pérdida. En el caso de Vergara, la de su amigo Sandro. En el de Elena, el adiós definitivo a Mario. Ambos personas queridas que hacía mucho que no veían. Sin embargo, lo que tienta al uno libera a la otra y al mismo tiempo es el verdadero poder: el conocimiento. En esa disputa con el sacrificio de la pureza gnóstica en la polémica teológica entre Vergara y Santoro, 30 monedas se desvela como un artefacto puramente católico en su concepción de la bondad, dispuesto a defender la utilidad de la culpa como base del libre albedrío, medida de todas las cosas y que ha de salvar, se supone, a nuestros héroes.

Sí que hay una lanza de Longinos en el Vaticano, evidentemente, pero colocarla en una exposición sobre el nazismo y la Iglesia tiene su miga: Hitler quería encontrar la verdadera -según la leyenda siendo pintor callejero en Viena contempló la que se guarda en el Palacio Imperial de Hofburg- y ordenó a sus expertos en ocultismo comprobar cuál de las 4 ó 5 que hay en Europa podía ser auténtica. Nunca puso sus zarpas en el Vaticano, pero el Universo DC de cómic es la razón por la que durante la Segunda Guerra Mundial los superhéroes no pudieron intervenir en la guerra en Europa. También tiene un papel clave, por cierto, en Neon Genesis Evangelion, aunque, igual que aquí, necesita ser reunida con otras reliquias, como promete Santoro.

Un capítulo que se toma como movimiento necesario del guión, algo que ya ocurrió en la anterior entrega, pero menos sólido en sí mismo. La superposición de elementos se intenta cohesionar temáticamente, ya que las subtramas no pueden avanzar de manera orgánica en conjunto como sí lo hacían en la primera mitad de la serie. No acaban de encajar, como si por un momento tuviésemos dos entregas de la antología fusionadas en una. Por supuesto, nos queda menos de la mitad, y estamos deseando lo que viene.

 

Jose A Cano (@caniferus)

Puedes ver 30 monedas online aquí.

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