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Criminal: los espejos rotos del universo neo-noir
6 min

 Un personaje femenino pronuncia un seductor discurso sobre el amor. Contemplamos en primer plano sus pies, que calzan zapatos de salón negros. Así comienza la miniserie Criminal, dirigida por Mariano Barroso. Sus tres episodios –’Isabel’, ‘Carmen’ y ‘Carmelo’– transcurren en una sala de interrogatorios, así como en el hall y el descansillo adyacentes. Sus showrunners, George Kay y Jim Field Smith, también han producido Criminal Francia, Alemania y Reino Unido, miniseries con igual formato pero con variaciones argumentales.

Se trata de un curioso experimento europeo que se puede ver en Netflix. Su mérito consiste en generar tensión y suspense desde el primer minuto gracias a distintos ingredientes del thriller psicológico repartidos de forma precisa. De su escenario claustrofóbico querrás y no querrás salir, pero cuando salgas, no lo harás de forma indiferente. En mi caso, me he quedado con ganas de más Criminal.

El nombre Isabel, que da título al episodio inaugural, coincide con el de su protagonista, interpretada por la gran Carmen Machi. Su gama cromática, conformada por los colores blanco, negro y rojo, adelanta la personalidad de contrastes ante la que nos vamos a situar los espectadores. Isabel está caracterizada como una mujer tan segura de sí misma como capaz de derrumbarse. Una femme fatal al estilo del cine negro clásico.

Este personaje, combinado con una interesante planificación formal en la que destacan angulaciones oblicuas de la cámara, nos devuelve las constelaciones del neo-noir policíaco. Durante unos instantes del episodio, la figura de esta Cruella de Vil contemporánea está definida, mientras que el fondo que encontramos tras ella está desenfocado. Una imagen que representa el horizonte incierto que le acecha.

Desde la sala de interrogatorios, vemos en un espejo unidireccional el reflejo de distintos personajes: dos policías interrogan a Isabel, sospechosa de estar involucrada en un homicidio. Desde la sala de observación contigua, María, la inspectora jefa interpretada por Emma Suárez, contempla la escena sin ser vista. Este espejo es un elemento clave de la puesta en escena que representa las dualidades que recorren la serie. Pues, como vamos a comprobar, unos personajes se relacionan por semejanza y otros por oposición. En un momento dado, María mira fijamente a Isabel. Sus rostros se funden. Este instante advierte al espectador de las importantes similitudes que comparten ambas mujeres protagonistas.

(Contiene spoilers)

María sospecha, con su olfato de policía veterana, que Isabel miente. Siguiendo una estrategia para conocer la verdad, la inspectora amenaza a la sospechosa con asesinar a su queridísima perra dálmata, Luna, si no cuenta lo que sabe del posible homicidio que se investiga. En este interrogatorio, María verbaliza las claves de esta relación en espejo de las protagonistas. “Yo soy como tú”, le confiesa. “Eres una psicótica de manual”, concluye María.

Sus realidades transcurren en un límite entre lo legal y lo ilegal; la verdad y la mentira; la culpa y la inocencia. Cuando Isabel confiesa su implicación en el asesinato de uno de sus amantes, sus pies, que son filmados, de nuevo, en primer plano, ya no se sostienen. Se representa, de esta manera, el derrumbamiento al que ha sido conducido este personaje, que, ante la emergencia de una verdad, ha perdido su poder seductor.

En el segundo episodio de Criminal, Luisa (María Morales) interroga a Carmen (Inma Cuesta), sospechosa de haber asesinado a su hermana autista. Ante la situación de encallamiento en la que se encuentra este interrogatorio, María entra en escena para conseguir que avance la labor policial. La inspectora jefa consigue empatizar con Carmen, quien confiesa el asesinato y sus motivos. Ha asesinado a su hermana para evitar que sufra abusos sexuales por parte de su padre maltratador.

De esta manera, la muerte se pone en escena como liberación, otro rasgo común con el cine negro clásico, inundado de una atmósfera fatalista. Al mismo tiempo, descubrimos dos personajes opuestos. María consigue empatizar y obtener la información que necesita en los interrogatorios, mientras que su compañera Luisa se encalla y no consigue avanzar más allá de la información superficial tras la que se esconde la verdad.

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Esta serie de interrogatorios se entrelaza con la relación sentimental de María y Ray (Álvaro Cervantes), el compañero novato de esta unidad de policía. Desde el segundo episodio de la serie de Netflix, su historia de amor está en crisis y la delicada frontera entre lo personal y lo profesional va a desdibujarse de forma inevitable. En el último episodio, Carmelo (Eduard Fernández) ha sido detenido por pertenencia de cocaína, pero un pasado oscuro del que no consigue escapar le va a perseguir hasta el final. Ha sido acusado de cuatro homicidios en los últimos 15 años y, sin embargo, no ha pasado ni un solo día en la cárcel. María le considera responsable de la muerte de un familiar suyo, por lo que está dispuesta a cualquier cosa con tal de encerrar al traficante en la cárcel.

Al finalizar el interrogatorio, Ray asegura estar dispuesto a declarar contra María, pues considera un montaje y una injusticia que Carmelo vaya a la cárcel por asesinato, cuando ha sido detenido por pertenencia de cocaína. Su relación amorosa está rota y, a partir de este instante, sus guiones se separan de forma definitiva. En este instante, Criminal suscita una reflexión en torno a la justicia y la venganza. Ray se va en el ascensor. María se queda en la unidad de policía, sumida en la oscuridad, mientras dirige su mirada hacia la ventana, donde se reflejan las luces de un coche policial.

 

Begoña Gutiérrez Martínez (@beggmartinez)

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