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Cosmética del enemigo: Siguiendo los pasos de Polanski
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Tras 5 años de silencio, el director barcelonés Kike Maíllo –Eva (2011) y Toro (2016)- estrena su tercer largometraje, Cosmética del enemigo, un thriller psicológico con reparto internacional y un guión en el que cada escena es una pieza que forma parte de un rompecabezas más complejo. Tras el fracaso crítico y económico de la interesante Toro, Maíllo se abona a otra historia en la que predominan los códigos del género al que se adscribe, en este caso el suspense y el drama “mental”.

El realizador salido de la ESCAC parece sentir predilección por estos relatos con esquemas y pautas reconocibles, desarrollando la narración dentro de los mismos. Así hacía también en su debut, donde exploraba las posibilidades de la ciencia ficción, y en su segunda obra, en la que construía un relato en el que la acción y el neo-noir se daban la mano.

En este caso, la historia de un afamado y taimado arquitecto, Jeremiasz, que accede a que una joven holandesa, Tessa, se suba su taxi de camino al aeropuerto, se mueve al ritmo que grandes maestros como Hitchcock o Polanski imprimieron al suspense (con tintes autorreflexivos) con sus obras. Con una lluviosa París y el espacio del Charles de Gaulle como telón de fondo, Maíllo homenajea a estos directores en un ejercicio de cinefilia sin caer en el calco, construyendo una trama que despierta interés propio.

Cosmética del enemigo: Siguiendo los pasos de Polanski

Partiendo de un relato ajeno -la novela homónima de Amelie Nothomb-, el director teje una historia de creciente misterio escrita a tres bandas en la que el espectador irá sacando conclusiones -y transformándolas- a medida que la acción se va cociendo a fuego lento. Tras la presentación del personaje protagonista -que en sí misma encierra las claves de lo que conoceremos al término de la cinta- y un punto de giro que disparará la narración (el citado encuentro con la partenaire interpretada por la sudafricana Athena Strates), Cosmética del enemigo mantiene la atención del espectador hasta el final.

Pese a que en un segundo visionado podamos detectar ciertas conveniencias de guión, el filme no cae en trampas burdas -que caracteriza a otras películas del género- y, a través de un rompecabezas basado en el relato por medio de flashbacks con idas y vueltas al presente de la narración, trata al espectador de tú a tú, confiando en su inteligencia y entrega a la historia.

Salvando cuestiones menores, la cinta crea una correspondencia entre el punto de vista de Jeremiasz y el del público, descubriendo los hechos a la vez que él, sin esconder premeditadamente trucos y artificios para sorprender a la audiencia cayendo en un deus ex machina. Obviamente sí que hay agujeros que el devenir de los acontecimientos va rellenando hasta llegar a un final sorprendente, pero, sin notarlo, Maíllo nos ha hecho partícipes del mismo desde el inicio (quien después de ver el film se acuerden de los títulos de crédito sabrán de lo que hablo).

Una vez planteada la narrativa, Maíllo es consciente de los referentes a los que se enfrenta, los cuales -entre los que se podría encontrar Frenético (1988), El escritor (2010) o incluso Lunas de hiel (1992), todas de Polanski- obligan a poner en práctica atmósferas cerradas, ambientes que reflejan el estado de ánimo de los protagonistas y producciones que obligan a pensar más en global que en local. Para ello, además de la citada Athena Strates, el director ficha a Tomasz Kot, la estrella de la película-sensación europea hace dos años, Cold war, y a Marta Nieto, al alza desde su desempeño en Madre.

Cosmética del enemigo: Siguiendo los pasos de Polanski

Apoyado asimismo por una financiación generosa, Maíllo acepta la apuesta e intenta plantear una propuesta de altos vuelos. Otro punto positivo del resultado final es que, trascendiendo el mero ejercicio de estilo (justificado por todo lo apuntado anteriormente), el director consigue transmitirnos su tesis sobre los tema presentes detrás de la estimulante trama: la dualidad humana, los pensamientos frente a nuestros actos y el control en contraposición al caos -perfectamente reflejados por la pareja protagonista- son esos elementos de interés de Maíllo, poniendo todos los giros y situaciones al servicio de los mismos. En otras palabras, hay vida bajo la superficie.

Pese a que se estrenó en pantalla grande en el pasado Festival de Sitges, la coyuntura actual obliga a realizar un lanzamiento online en Filmin para la inmensa mayoría del público. Considero que, aunque lógico dadas las circunstancias, Cosmética del enemigo es una producción que bien merecería ser vista en las mejores condiciones de imagen y sonido, por lo que transmite la sala de cine per se y por la citada iniciativa que pone en marcha el director, haciendo de su fotografía y su planificación una gran aliada de la atmósfera que propone el guión milimétrico.

Puede que no llegue a las cotas de sus «hermanos mayores», pero esta película no tiene nada (grave) de lo que acomplejarse: proporciona un entretenimiento inteligente y que invita a permanecer más tiempo dentro del género del thriller psicológico, quizá volviendo a ver esas cintas que seguramente Maíllo tenía muy presentes.

 

Jorge Dolz (@J_Dolz)

Puedes ver Cosmética del enemigo online aquí.

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