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El cartel de Patria: Polémica, promoción y otras series del montón
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El cartel de Patria: Polémica, promoción y otras series del montón

La interesada polémica promocional nos recuerda que HBO juega a ser relevante socialmente. La cadena necesita presumir de haber planteado las preguntas que nadie más se atrevía sobre el conflicto vasco

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En las últimas 24 horas un cartel de Patria, la serie de HBO adaptación de la novela de Fernando Aramburu que se estrena a finales de este mes, ha resucitado una vieja práctica del debate político patrio: juzgar un producto audiovisual sobre ETA antes de que se estrene. Arden las redes, como diría algún redactor hortera, con las tendencias #CancelaHBO -curiosamente incluso por parte de sectores que hace cuatro días se quejaban de la “cultura de la cancelación”- y #PatriaHBO. Todo por una imagen promocional que, aparentemente, equipara a una víctima de asesinato de la banda terrorista con un etarra detenido, quizás torturado, por parte de la Policía española.

En primer lugar da la impresión de que HBO sigue aquí una táctica que suele ser más del gusto de Netflix y que hemos visto repetida varias veces los últimos meses: crear una falsa polémica para darle vida a la promoción. De hecho, recuerda al revuelo causado por el cartel de Mignonnes/Cuties de Maïmouna Doucouré, en el que aparentemente la difusión realizada por la plataforma era contraria a los valores de la propia película y dotó a la producción de una visibilidad que le habría costado mucho más lograr gracias al hashtag #NetflixPedofilia

 

En este caso hay una ventaja a la hora de juzgar el futuro contenido de la serie: está basada en una novela premiada y éxito de ventas desde 2016 y la adaptación cuenta con el beneplácito del autor -que critica el cartel de Patria pero defiende el contenido de la serie-. Los lectores de la misma saben que el contenido del libro condena la violencia etarra y en ningún momento la equipara con las torturas en el cuartel de Intxaurrondo. De hecho, el tratamiento de las mismas es hasta cierto punto exculpatorio para con la Guardia Civil. Y, lo que se le podría reprochar, decide obviar completamente la existencia de los GAL. No es este el espacio ni el momento para analizar el libro de Aramburu, pero digamos que la versión que ofrece del conflicto vasco fue muy del gusto de los sectores que ahora ponen en el grito en el cielo con la promoción de la serie.

Claro, eso tiene una contraparte. Más allá de su calidad literaria, la obra está bastante denostada en otros sectores de opinión, más progresistas, más cercanos al mundo abertzale o que lamentan que no se refleje el terrorismo de estado en sus páginas. Sectores que, de partida, no tendrán mucha simpatía por la adaptación. Al conseguir, de repente, ser condenada por el “bando” conservador con el habitual lenguaje ampuloso y criminalizador de la diferencia, Patria la serie recibe cierta legitimidad ante un público que le estaba vedado. Tenía sesgo hacia un lado de la balanza y, de repente, puede estar en el medio. 

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Aparte de promoción gratis, recordemos el viejo lema de la plataforma: No es televisión, es HBO. La cadena norteamericana juega a ser relevante socialmente. A ser la responsable de The Wire. A que sus producciones españolas empezaran con Isabel Coixet, no con Las chicas del cable. Sus otros estrenos patrios próximos son Escenario 0 y 30 monedas. HBO necesita presumir de haber planteado las preguntas que nadie más se atrevía sobre el conflicto vasco. A no ser “una serie”, sino La Serie sobre ETA. Aunque sea adaptando un texto que obvia los GAL. ¿Es que la versión audiovisual añade subargumentos a la novela? No lo sabemos aún. Parece probable que no.

Y aquí una vez más habría que lamentar la tendencia a la censura preventiva de una parte del espectro político español, con pánico a que cualquier mensaje en el espacio público que no le dé la razón. Siempre con el argumento demagógico e irreal de “respetar a las víctimas” se intentó silenciar La pelota vasca, un documental que de puro ecuánime resultaba hasta aburrido pese a estrenarse en un momento mucho más duro del terrorismo vasco. Un boicot ridículo, que dejaba asimétrica la representación de voces no por voluntad de los creadores sino por incomparecencia de parte de estos y casi cuesta la carrera a un cineasta tan consagrado en aquel momento como Julio Medem.

Pero mucho más lamentable fue el revuelo creado por Fe de etarras, de Borja Cobeaga, con el entonces ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, pidiendo “respeto por las víctimas” sin conocer ni siquiera la sinopsis del filme, con un propósito meramente político. Pocas obras de ficción se han burlado de manera tan vitriólica del concepto mismo de nacionalismo y de lo que suponía ETA o quiénes eran los etarras como esta película. Sin embargo para una parte de la derecha conservadora española había que lanzarse sobre la película simplemente porque era un mensaje sobre el conflicto que no controlaban ellos.

fe-de-etarras-cartelCartel promocional de ‘Fe de etarras’

A HBO habría que alabarle a nivel de promoción el ser capaz, como en el judo, de usar la fuerza del contrincante contra sí mismo y reprocharle que en el muy viciado debate político actual decida irrumpir resucitando una cuestión que dejó de ser de relevancia nacional hace bastante tiempo. Aunque claro, aquí también estamos nosotros, escribiendo una columna y tuiteando como benditos sobre el cartel de Patria

Finalmente, y sin dejar de desear que si el debate se mantiene sea en términos racionales y argumentados y no al estilo que nos tienen acostumbradas las redes sociales, lo que podemos desear desde las páginas de Cine con Ñ es que al menos juzguemos las obras después de verlas, y no antes. Y que seamos conscientes de que un libro, una película o una serie de televisión pueden ser relevantes y de calado aunque defiendan ideas con las que nosotros, personalmente, no estemos de acuerdo. A que apreciemos, en fin, las obras por lo que son y no por lo que nos gustaría a nosotros que fuesen.

 

José A. Cano (@caniferus)

2 comments

  • La hipocresía

    Se rasgan las vestiduras con cualquier producto que hable sobre ETA y pueda dar una versión más «íntima» de estos, pero luego todos iban del bando de Pablo Escobar en Narcos. En fin, la hipocresía.

  • Barbarella

    Hola.
    Sobre esa última frase: «apreciar las obras por lo que son, no por por lo que nos gustaría a nosotros que fuese», es justamente lo que me venía a la mente al leer que el libro de Aramburu pasa por alto el tema de los GAL.
    Me gustó muchísimo leerlo precisamente por querer situarse al margen de la política, ciñendose sobre todo al aspecto humano de una época en la que el contexto familiar e ideológico (que no político) podían determinar las decisiones de personas con estas u otras convicciones. Lo característico de esos años es que según tus convicciones podías terminar matando a tu vecino, o al amigo de tus padres. No todo es política.
    El tema GAL pinta poco en este aspecto, por su utilidad política, en un sentido o en otro.
    Teniendo esto claro es más difícil escandalizarse por campañas ofensivas.

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