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La crisis migratoria, filmada desde las aguas del Mediterráneo en ‘Cartas mojadas’
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La crisis migratoria, filmada desde las aguas del Mediterráneo en ‘Cartas mojadas’

Paula Palacios firma este documental que se acerca más que nunca a las experiencias de miles de migrantes en el mar

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Filmar desde el Mediterráneo la peligrosa huida en busca de un futuro mejor para miles de personas. Eso es lo que ha querido hacer Paula Palacios con Cartas mojadas, uno de los documentales españoles más premiados del curso y que ahora se estrena en salas. Encima de los barcos del Open Arms o de los guardacostas libios, pasando por Lesbos, Libia o París, la película recorre desde muy cerca la crisis migratoria y humanitaria vivida en Europa en los últimos años.

«Quería averiguar sobre todo por qué huyen estas personas de sus países, qué les ocurre cuando se lanzan al mar y cómo les acogemos después aquí cuando llegan», explica a Cine con Ñ Palacios, una documentalista que continúa con esta película su larga trayectoria profesional en televisión dedicada a temas migratorios. Ahora se lanza con un largometraje que pretende ser «una película distinta» con respecto a otros proyectos audiovisuales que se han acercado al drama migratorio.

Con la voluntad de, según la directora, «estar abierta a lo que pudiera surgir», la película parte desde la isla de Lesbos, donde surgió la idea central de la película de contar la correspondencia de madres a hijos mediante cartas. Una vez se firmó el acuerdo de la UE con Turquía que cerraba la puerta de la isla griega y abocaba a un largo viaje por el mar para encontrar otras entradas, Palacios se lanzó al Mediterráneo a bordo del barco de la famosa ONG de salvamento Open Arms.

Cartas mojadas sigue muy de cerca una de las misiones más complejas y dramáticas para el Open Arms: en 2016 rescataron de emergencia a 550 personas de un naufragio en el Mediterráneo estando poco preparados para un volumen tan grande de pasajeros. Una vez ahí, y a partir de escuchar «una conversación por radio entre guardacostas libios e italianos», Palacios decidió ver desde dentro cómo los libios, enfrentados a las ONGs, se encargan de interceptar e impedir que las pateras lleguen a Europa.

Además de esas situaciones marítimas, el documental no se olvida de pisar tierra firme y repasar la difícil situación tanto de los migrantes que consiguen llegar (en París) como de aquellos que aún no han podido hacerlo (en Libia). En medio, las cartas mojadas de aquellos que se dejaron la vida por el camino. «Las cartas mojadas son una metáfora de esas personas que no consiguen llegar«, explica la directora, que pone especial atención en los niños dentro de ese eje epistolar.

Cartas mojadas se remonta a 2015 para intentar explicar varios aspectos de la emergencia humanitaria en el Mediterráneo. Preguntada por la situación en 2020, Palacios asegura que «hemos ido de mal en peor. El coronavirus se están poniendo como excusa para no prestar atención a asuntos relacionados a los derechos humanos como este. El Open Arms ha estado en cuarentena 14 días en Palermo y luego no había nadie más en el mar».

La directora piensa que esa ausencia de trabajo de campo es grave, y destaca en ese sentido la esencial labor de las ONGs: «Además de rescatar, estas organizaciones son importantes porque se convierten en los ojos de todos en el Mediterráneo. Cuando este año las autoridades europeas nos digan que han llegado menos migrantes y que hay menos muertos la realidad es que no estaban ahí para comprobarlo. Si no llega el cuerpo, no cuenta en los números».

Avalada por la producción ejecutiva de Isabel Coixet, Cartas mojadas busca sortear la anestesia y la saturación de temas sobre migración centrando esfuerzos en el aspecto estético de la propuesta, que también quiere ir acorde a su mensaje de denuncia: «Quería que el espectador tuviera momentos contemplativos, de planos largos y cuidados, para que se olvidase de que lo que ve es real. Luego cuando vuelve y se da cuenta que esto pasa de verdad el efecto puede ser aún más fuerte: se es más consciente de lo grave que es lo que dándose cuenta que no es ficción».

 

Arturo Tena (@artena_)

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