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Carmen y Lola: aire fresco para una mirada realista
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El cine centrado en una relación lésbica tiene, por fin, grandes y variados referentes. En los últimos 20 años hemos tenido la oportunidad de añadir interesantes y potentes obras a la lista de películas que tratan el amor o la atracción entre mujeres. Desde Mulholland Drive a Carol.  Ahora, Arantxa Echevarría añade su valioso granito de arena con Carmen y Lola, un acercamiento potente desde una perspectiva diferente. Una historia complicada convertida, por suerte, en algo nada complejo.

Echevarría ha dicho durante varias entrevistas que vio La vida de Adèle, entre otras, durante el proceso de creación. Incluso definió su película como La vida de Adèle al otro lado de la M-30. La directora alaba el filme de Kechiche, pero también es crítico con él; sobre todo por su, según ella, mirada excesivamente masculina de la relación lésbica. En la película francesa, el punto de vista principal es el de Adèle (Adèle Exarchopoulos), que pasa de relaciones heterosexuales a un primer descubrimiento homosexual con la más experimentada Emma (Léa Seydoux).

Echevarría en su película hace lo contrario que Kechiche: la verdadera protagonista de la película es Lola. El punto de vista sobre el que más se detiene es el suyo. Ella tiene clara su orientación sexual desde el principio; es Carmen la que pasa de una relación con un chico a vivir una relación amorosa con ella. Esto es importante porque vemos claramente los estados de ánimo y sufrimiento por los que pasa Lola. Conocemos sus deseos, su ilusión y sus miedos de una forma nítida, teniendo claro qué es lo que quiere desde el principio. Un acierto para lo que va sucediendo, porque la timidez y determinación de Lola empujan hacia adelante lo que va sucediendo desde su propia mirada femenina.

Pero la diferencia fundamental entre Carmen y Lola y (la excelente) La vida de Adèle es que en la película española las dos protagonistas están ante su primera experiencia, su primer amor. Mismo punto de partida. Esa sensación de emoción compartida es la que multiplica los efectos positivos de la película. Sencilla en su forma y efectiva en su manera de plantear la inocencia, la pasión y las ganas de compartir algo que las hace felices, su historia principal es aire fresco dentro de las miradas cinematográficas realistas en nuestro país. Todas las escenas en las que están ellas dos en plano crecen en magnetismo y matices, gracias principalmente a la naturalidad de sus dos actrices principales (sobre todo por Zaira Morales, que interpreta a Lola).

Los puntos más flojos de la película son algunas situaciones, algo estereotipadas y obvias, en las que vemos con palabras qué piensan los personajes secundarios (elevando los pensamientos a veces a categoría del mundo gitano). Se sobreexplican algunas cosas relacionadas con la estructura heteropatriarcal que ya se ven solas sin necesidad de que nadie nos las señale con el dedo. Echevarría escoge representar algunas cosas y no otras para su historia con todo el derecho, pero se nota una falta de sutileza que sí tiene la relación entre ellas, con la que la directora sí que transmite sensación de realidad.

Echevarría se ha ganado con creces la atención -a veces no buscada- para que estemos pendientes de lo que haga a partir de ahora. Carmen y Lola es un camino lleno de obstáculos pero que se termina por recorrer con una facilidad tremenda. Esperamos el nuevo viaje.

 

Arturo Tena (@artena_)


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