Estás leyendo:
Boi: el potente y misterioso debut de Jorge M. Fontana
5 min

 

Llegar es complicado, pero más difícil es mantenerse. Es una de las tendencias clásicas para los creadores en la industria del cine española: si hacer una primera película es un camino tortuoso, hacer una segunda es una odisea si no has tenido un éxito reconocido antes. Vemos muchas más óperas primas que segundos trabajos. Por eso, cuando llega de repente algo como Boi quieres que sus responsables lo peten. El filme de debut de Jorge M. Fontana tiene frescura y calidad de sobra para que acabe haciendo un merecido ruido allá a donde vaya.

Fontana ha escrito y dirigido la historia sobre un chico de 27 años, Boi, que empieza un nuevo trabajo como conductor de VTC para una empresa privada. Escritor sin editor, el joven se estrena en el coche llevando de un sitio a otro a dos empresarios asiáticos que llegan a Barcelona a hacer negocios durante el Mobile World Congress. A partir de ahí, todo se empieza a complicar. El director construye con dinamismo en menos de dos horas un viaje que acaba durando tres días.

Lo más estimulante que tiene Boi es que deja espacio a la interpretación a través de elementos mostrados y no justificados directamente, de detalles extraños llenos de significados. Esto siempre se agradece en el panorama cinematográfico estatal, donde hay una cierta tendencia a sobreexplicarlo todo que acaba por infravalorar al espectador -o que busca no cerrarse puertas-. Para jugar a la introducción de elementos simbólicos y bizarras situaciones, Fontana se aprovecha de su decisión de poner en plano siempre al protagonista; lo que a él le pasa, lo que él vive/ve, es el material que el espectador puede asimilar.

Obviamente, a Boi le falta mucha información sobre lo que va sucediendo y sobre lo que observa a lo largo del metraje. Así es como se van incorporando situaciones atípicas a la historia. Lo interesante es que la película no lo hace de forma gratuita, sino que busca apelar al perdido subconsciente tanto de su confuso protagonista como al nuestro. Su guion hace lo mismo: es capaz de ser muy directo en las conversaciones, pero siempre dejando un resquicio extraño en la manera de dialogar para desubicar e invitar a otro espacio de enigma. Es una forma sugerente de entender el cine que parte de la ensoñación del cine de David Lynch, claro referente, pero que conecta a tramos también con el calmado mundo de Jim Jarmusch.

El actor Bernat Quintana, famoso en Cataluña por su papel en la serie de TV3 El cor de la ciutat, integra ese desconcierto en el personaje de Boi, algo nada fácil por la poca gestualidad que se permite. Quintana da buena muestra de la vulnerabilidad y cierta inmadurez de un chico de 27 años que aún no tiene del todo claro hacia dónde va su vida. Boi tiene que tomar decisiones importantes en un momento clave de su vida y no sabe muy bien cómo.

Fontana se mueve bien para que esto no resulte otro camino rutinario de revelación personal en clave generacional, que está siendo uno de los temas recurrentes este año en nuestro cine. Boi lee, se deja aconsejar e incluso decide narrarse a sí mismo desde fuera como el escritor que quiere ser, y se deja arrastrar por todo lo que va pasando. Es un espectador de su propia vida. Esta situación y las claves que va dejando están bien integradas en la historia, pese a algún bajón de ritmo que significa introducir esta psicología.

La composición estética que tienen las imágenes de la película es también seductora y original. Fontana y Nilo Zimmerman, el director de fotografía, transitan entre las luces led, los edificios altos y los tonos grisáceos de la Barcelona del Mobile World Congress, pero también en esa ciudad alejada del centro, más cañí, underground y trapera de estos tiempos. Este estilo hacia un noir contemporáneo y local lo dan también la acertada presencia física del actor y diseñador Man Mourentan, que interpreta al amigo conductor de Boi, y la música original del respetado Pablo Díaz-Reixa «El Guincho». No es casualidad que ambos hayan colaborado en la composición y producción (El Guincho) o el arte y diseño (Mourentan) de El mal querer, el aclamado último disco de Rosalía.

El talento que demuestra Boi merece que esta no sea la última oportunidad en el sector para sus responsables. Entre tanto referente, Fontana ha encontrado su mirada propia con una historia que proponía varias complicaciones que acaba resolviendo, y no de forma habitual. Déjenle hacer la segunda.

 

Arturo Tena (@artena_)

Dejar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Input your search keywords and press Enter.