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La cara más brutal del colonialismo, fotografiada en ‘Blanco en blanco’
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La cara más brutal del colonialismo, fotografiada en ‘Blanco en blanco’

La película hispano-chilena, ganadora de dos premios en el pasado Festival de Venecia, es una de las apuestas de autor para el verano. Una historia de un fotógrafo en Tierra del Fuego durante el genocidio del pueblo selknam en esa zona a finales del siglo XIX y principios del XX

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Sus premios en Venezia el año pasado (FIPRESCI y Mejor dirección en la Sección Orizzonti) la pusieron automáticamente en el punto de mira para el calendario de estrenos de 2020. Hablamos de Blanco en blanco, película del hispano-chileno Théo Court, que viaja a la Tierra del Fuego para hablar sobre uno de los episodios más cruentos del colonialismo del siglo pasado en Latinoamérica: el del genocidio del pueblo selknam. Unas matanzas por el territorio documentadas por los propios colonizadores de la época, y que ahora Court transforma en un personal descenso a los infiernos con atmósfera de western.

Además de las posibilidades que ofrecía la Tierra del Fuego a nivel estético, lo que llamó la atención de Court para hacer la película fueron precisamente las fotografías de las matanzas de indígenas que dejó para la posteridad uno de esos «conquistadores», el rumano Julius Popper: «Me interesó mucho la autorrepresentación que había en ellas. Entonces se utilizaban cámaras de placas, que no permitían captar la instantaneidad del momento. Había que representar el momento a fotografiar y esperar mucho. Esa idea de la manipulación de los discursos me pareció fascinante, incluso por el símil que existe con el propio cine», explica el director de Blanco en blanco a Cine con Ñ.

«Sobre el colonialismo se asientan las bases constitutivas de las civilizaciones»

Aquellas imágenes de Popper y sus mercenarios en acción, tomadas por un fotógrafo aún anónimo en 1887, se conservan porque fueron un obsequio para el presidente de Argentina de la época, e incluso el propio Popper presentó el álbum en una exposición dedicada en un museo. «No se escondían en absoluto», asegura Court, «había una voluntad de glorificar la idea de la civilización sobre estos territorios. Ahí estaba la posindustralización que llegaría con el mundo ovino: Tierra del Fuego se convirtió en uno de los lugares más importantes del mundo para la extracción de lana a partir de aquellas matanzas de principios del siglo».

A partir del exterminio de los selknam en Blanco en Blanco, Théo Court reflexiona sobre el papel del colonialismo en la historia: «Sobre el colonialismo se asientan las bases constitutivas de las civilizaciones. En la película hablo de Chile, pero el proceso es global. Este tratamiento de las colonias, de los pueblos originarios, se ha repetido constantemente en todas las partes del mundo. El genocidio selknam no sucedió en el siglo XV; fue hace 100 años, muy cercano a nuestra historia. Hay que ver también cómo se trata a ciertos pueblos originarios hoy día».

Court asegura que en ese sentido cree que es importante recuperar el episodio para la historia oficial: «La historia oficial de Chile y sus gobiernos no han hecho nada por darle un nuevo significado a este genocidio. Se ha justificado en pos de la industrialización del espacio, nada más, pero omitiendo el horror de lo que ocurrió allí. Si seguimos manteniendo esas cargas, que vienen desde la colonia incluso, vamos a seguir con esa culpa y ese odio. Y es algo que nos vamos entregando generacionalmente unos a otros».

Desde una mirada personal, el director de Blanco en blanco se sirve de un personaje externo que llega a esta zona de explotación y muerte. Pedro (Alfredo Castro) es un fotógrafo que viaja a la Tierra del Fuego para hacer las fotos de la boda de un ausente latifundista de la zona. Pero pronto, debido en parte a sus propias obesesiones, su situación va cambiando. «Me gustaba la idea de tener un voyeur de ese mundo. Un personaje que manipula esa realidad expuesta para poder habitar con ella», dice Court, que va introduciendo a su protagonista en las oscuridades de una estructura perversa que lo impregna todo.

«Pedro pasa a ser una especie de gelatina moral con respecto a lo que está sucediendo. Un hombre que va moldeando sus facultades y pensamiento principalmente para sobrevivir dentro de un sistema que avala el horror», explica el director, que insiste en que no hay que irse muy lejos en el tiempo para ver esta justificación: «Salvando las distancias, hoy vemos como trabajamos a diario para un sistema en el que no creemos. Por ejemplo, vendiendo productos. Y lo acabamos haciendo también».

El título de la película, Blanco en blanco, evoca la idea de que estamos sujetos a una eterna repetición de la historia. «Es esta página que volvemos a escribir una y otra vez. Podemos modificar ciertos elementos, pero seguimos estando sujetos a algo más grande que es lo que nos determina», dice el director. La película, tras retrasar su estreno previsto en marzo, llega ahora a los cines como una de las apuestas de autor para el verano.

 

Arturo Tena (@artena_)

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