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Black Beach: Importante denuncia, correcta película
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Black Beach, el nombre de la cárcel de Guinea Ecuatorial que da nombre a la película –aunque esta nunca especifique en qué país africano se desarrolla-, conocida por su maltrato y dejación hacia sus presos, bien podría extenderse al propio mundo en el que vivimos. Puede parecer exagerado, pero un vistazo rápido a los tentáculos de las grandes corporaciones y las trayectorias de muchos de sus integrantes debería como mínimo permitirnos plantear la cuestión con fundamento. En esta dirección apunta Black Beach, el segundo largometraje de Esteban Crespo tras Amar y en el que vuelve a África tras su multipremiado y nominado al Oscar cortometraje Aquel no era yo.

La acción empieza cuando Carlos (Raúl Arévalo) tiene que ir a un país africano donde años antes había estado como voluntario de la ONU a mediar en el secuestro de un ingeniero de una petrolera norteamericana. Este encargo debería de ser el que termine de convertirlo en socio de la compañía, por lo que acaba accediendo a pesar de ser un trabajo diferente al que acostumbra a hacer y a que está a punto de ser padre por primera vez. Una vez en África se verá involucrado en una red de intereses mucho más compleja y peligrosa de lo que le habían dicho, además de reencontrarse con las personas que conoció en su anterior estancia allí.

La propuesta es a priori estimulante y resulta convincente en sus objetivos de reflexión y denuncia, y también en alguno de los cinematográficos. La ambientación está muy cuidada, las escenas de acción son vibrantes y Raúl Arévalo cumple con suficiencia como líder de un reparto en el que también destaca la siempre estupenda Candela Peña. Pero el guion presenta problemas que acaban haciendo de Black Beach una película fría y carente de emoción, algo sorprendente si consideramos el argumento.

Mezclar el pasado personal del protagonista con su misión como empleado de una multinacional abre tantos frentes que el guion sencillamente no puede cerrar de manera contundente. La película acaba virando del thriller político y de acción al drama en su tercio final, un cambio de registro que no acaba de salir bien y termina por perjudicar el resultado global. Igual no está de más lanzar la pregunta de si su segunda vida en plataformas -Netflix participa en la producción- tiene algo que ver con que la duración no supere las dos horas, algo que, puestos a abrir tantos frentes en el guion, le habría sentado bien.

 

Pero no nos confundamos: Black Beach es una película estimable, con un gran diseño de producción, buen pulso en las escenas de acción, un buen reparto y una idea clara de lo que quiere trasmitir. En clave de cine español, demuestra que se pueden sacar adelante producciones de envergadura (cierto caballero británico ha copado titulares con un film similar a este bastantes aspectos). Una pena que no considerar que a veces menos es más acabe dejando una sensación de que la película podría haber llegado a cotas más altas.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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