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Belén Funes emociona a San Sebastián con ‘La hija de un ladrón’
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Belén Funes emociona a San Sebastián con ‘La hija de un ladrón’

 

Había expectación por ver La hija de un ladrón, la ópera prima de Belén Funes que es la última película española a concurso en la Seccion Oficial. Y ya podemos decir que ha estado a la altura. Quienes se han podido acercar a los diferentes pases que ha habido durante la jornada de hoy han disfrutado el que probablemente sea el debut más potente en el cine español desde Verano 93. El trabajo de Funes tiene una madurez apabullante a todos los niveles.

Enlazando con su cortometraje de hace cuatro años Sara a la fuga, premiado en el Festival de Málaga, el film nos presenta a Sara Garrido, una joven de veintipocos años que se encuentra sola en el mundo, con un hijo a su cargo y un hermano que vive en un centro de menores al que intenta atender siempre que puede. Una “niña con ojeras”, en palabras de la directora. Instalada en la precariedad material y emocional, Sara solo quiere una vida normal. Algo aún más complicado cuando se encuentra con su padre recién salido de la cárcel.

Lo primero que sorprende positivamente es el guion, que Funes firma junto a Marçal Cerbián. Se nos arroja directamente al día a día de Sara, y lo mismo ocurre con sus relaciones personales y familiares. No hay flashbacks ni escenas metidas con calzador para hacer más fácil la comprensión de la película (en la rueda de prensa se comentó que sí que tenían una secuencia de este tipo preparada pero que finalmente y, añadimos, felizmente, consideraron que no hacía falta). Esta búsqueda y construcción de sentido que propone Funes es la misma que vive la protagonista.

Aunque muestra una realidad material difícil y bebe de lo mejor del cine social europeo, La hija de un ladrón es fundamentalmente una película intimista que investiga las complejas relaciones familiares. Aunque Sara querría dejar todo atrás y empezar de cero en el fondo también quiere que su padre la quiera. El film retrata la soledad pero también, como ha apuntado la directora, la necesidad de ser queridos (“nadie me llama” dice en un momento de la película).

La familia Fernández completa el gran trabajo del resto del equipo. Greta deslumbra con una brillante actuación llena de dolor y de frustración en el que es su primer gran papel protagonista. Fuerte candidata a la Concha de Plata. Y Eduard, su padre en la ficción y en la realidad, le da un contrapunto perfecto con una interpretación contenida propia de un personaje que no sabe cómo expresar sus sentimientos. Su gran labor termina de redondear una gran película que hace que nos apuntemos desde ya mismo el nombre de Belén Funes, una directora que promete darnos grandes alegrías en el futuro.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

Fotos: Jorge Fuembuena y Gari Garaialde (Festival de San Sebastián)

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