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Bajocero: Bien pulidos en el hielo
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Bajocero: Bien pulidos en el hielo

Cumbre técnica del thriller español actual, la película de Lluís Quílez luce sus puntos fuertes y esconde lo suficiente los más flojos

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Bajocero ha llegado, como otras películas españolas del curso, por streaming y con la pandemia bajo el brazo. Intentó el estreno en salas, previsto para octubre, pero el avance de la segunda ola obligó a cambiar de planes a DeAPlaneta. Netflix, implicada en la producción, hizo pesar sus razones. Estas crueldades víricas del destino han terminado por venirle genial a la historia de temperaturas mínimas de la película, que se estrena ahora en pleno invierno y después de una borrasca histórica.



Además de tener a favor estos cálculos temporales de Netflix -el contexto apocalíptico siempre ayuda al gigante del streaming -, resulta que este thriller de acción también puede tener buen recorrido en su catálogo por méritos propios. Bajocero se introduce bien en este frío ambiente y ofrece una trama de venganza arquetípica pero sólida en su ambigüedad moral. Sin demasiados riesgos, se explotan todos sus puntos fuertes y se maquillan lo suficiente los más flojos. Pese a algún bajón en su parte central, la solidez de su reparto y sus secuencias más tensas mantienen el interés hasta su buen final.

A partir de aquí, spoilers filoménicos de la película.

Hijos de de una década de thriller

Bajocero: Bien pulidos en el hielo

Un traslado de presos en furgón blindado se complica por el asalto de un misterioso hombre que busca resolver cuentas pendientes con uno de los pasajeros. Más allá del prólogo/epílogo y unas secuencias iniciales de presentación de personajes, todo pasa en una misma noche -y parte de la mañana siguiente-. Esta historia en semidirecto le sienta bien a la película, que aprovecha los recursos al máximo tanto de su ambiente nocturno y frío como de la rápida escalada de tensión en el transporte.

A esto se le adhiere el punto a favor más llamativo de Bajocero: su gran despliegue técnico y artístico. La película tiene un buen diseño de producción, una coreografía de movimientos de cámara precisa, un montaje adaptado a sus necesidades, una fotografía con distintos retos de color (negros, azules, naranjas y blancos) bien resueltos y alguna secuencia de acción -sobre todo el hundimiento del furgón en el lago- que la ponen por encima de sus películas hermanas. No es solo que haya dinero, es que el dinero se ha invertido bien.

Esta película es hija de una década de exploración del thriller como el género comercial adulto por excelencia en el cine español. Se ha llegado a un perfeccionamiento, un conocimiento en los distintos departamentos y una inversión decidida por ellos que se puede llegar a estas cotas. La productora, Morena Films – clave en el thriller español junto a Vaca Films- ha acumulado una experiencia que no ha parado de crecer en el género desde Celda 211. Esto, sumado a la evidente pericia y atrevimiento de Lluís Quílez (que ya venía demostrando en sus cortos e incluso en el flojo encargo Out of the dark) para coordinarlo todo, ha dado por resultado este pulido filme.

 

Los vengadores

Bajocero: Bien pulidos en el hielo

Bajocero se adscribe sin complejos al masculinizado subgénero del thriller de acción y venganza, aunque con la particularidad del que no se entiende ni se percibe casi nada desde el punto de vista del vengador en cuestión, sino el de un externo guardián de la ética. A diferencia de obras como Tu hijo (2018), su referente más cercano, hay poca voluntad de ponerse en la piel o los pensamientos de su protagonista, que es, hasta su tramo final, un personaje al que se le niega una posibilidad empática al no desvelarse sus motivaciones hasta casi el final.

Nada de Liam Neeson: el punto de vista principal es el de un correcto policía (Javier Gutiérrez), fiel a las normas. Ajeno a todo el conflicto interno entre los personajes de la película, a él le cae el papel de juez de la rectitud moral, al que se le opone al principio otro policía -un Isak Férriz que parece abonado al papel del policía moralmente cuestionable– y finalmente el propio vengador (Karra Elejalde). La bien lanzada baza de la película es que al final se le presenta una gran contradicción a nuestro buen protagonista (la confianza sistémica en la justicia vs. el sufrimiento de un padre) que tiene que resolver.

La película luce una buena colección de personajes, a la que se le suma un reparto que eleva un punto más el material que tiene entre manos. Bajocero, además, tiene paciencia y le da segundos y diálogos a un nutrido grupo de personajes secundarios. Aunque esbozados rápido y demasiado dirigidos a cubrir ciertos perfiles de «delincuente», el efecto de wild bunch, las réplicas rápidas o los insultos funcionan bien en la explotada dinámica de desconfianzas y lealtades.

Despuntan en la coralidad entre los presos los personajes de Luis Callejo y Patrick Criado, a los que solo falta sumarles a Javier Gutiérrez y Karra Elejalde para que la jugada interpretativa esté hecha. Los dos actores más conocidos cumplen cada uno por su lado (buena elección la de esconder a Elejalde durante el primer tramo), pero sobre todo crecen en las secuencias compartidas entre ambos en ese western de pueblo que se convierte en el revelador final en alto de la película. El duelo es importante, y funciona.

Bajocero: Bien pulidos en el hielo

Las convenciones comerciales y su condescendiente forma de tratar al público no se notan demasiado, pero también están ahí. Son especialmente flojas las maquinaciones para ir explicando el drama personal del personaje de Karra Elejalde en su búsqueda del Nano. La secuencia de las fotos y el periódico en el coche y alguna conversación explicativa en el furgón son ese tipo de concesiones innecesarias que todavía arrastra el cine comercial español, miedoso de perder espectadores por el camino. Más confianza en los que están al otro lado.



Una fase inicial correcta, una central lastrada por estos movimientos explicativos, y un último tramo explosivo y de enfrentamiento hacen de Bajocero un thriller más que competente, con algunos alicientes que la ponen por encima de otras películas españolas de la cuerda en Netflix -pero más psicológicas- como El practicante o Hogar. El thriller sigue marcando muchos ritmos en la industria y es bueno que esta apuesta de luego resultados cada vez más depurados. Perfecta para impactar en Netflix.

 

Arturo Tena (@artena_)

Puedes ver Bajocero online aquí.

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