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Anillos de oro: cuando no fuimos los mejores, pero al menos quisimos serlo
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Anillos de oro: cuando no fuimos los mejores, pero al menos quisimos serlo

En el quinto aniversario de la muerte de Ana Diosdado recordamos una de sus ficciones más celebradas para RTVE, con la que quiso reflejar los cambios en la sociedad española de los 80

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Anillos de oro emitió una sola temporada de 13 capítulos en 1983 contando la historia de Lola y Ramón, dos abogados, ella más veterana, casada y con familia, y él más joven, soltero y «progre», que montan un despacho para atender casos de divorcio debido a la aprobación reciente del mismo en España.

La serie está disponible en la web de RTVE, como suele ser habitual. Puedes ver ‘Anillos de oro’ online aquí.

No estamos hablando de una Dates adelantada 25 años, ni siquiera de su remake catalán, Cites, mucho más pasada de vueltas, sino de un intento de mostrar, con un tono lo más tragable posible por una audiencia mayoritaria, los cambios en los de modelos de pareja y familia a los que se abría la sociedad española con cambios como la Ley de Divorcio.

A pesar de su sentido del humor sibilino y un poco cínico, lo hizo con un tono optimista en la línea de la ficción de la época. Más cerca de Solos en la madrugada, digamos, que de Mariano Ozores.

En 13 capítulos, además de jugar con el contraste y la complementariedad de Lola (Ana Diosdado) y Ramón (Imanol Arias) -al que ella y su marido apodan «el progre»-, se muestran parejas con diferencia de edad, matrimonios tradicionales agotados y otros que funcionan, y hasta conatos de -flipa- poliamor -aunque en formato cuernos consentidos, que gobernaba Felipe González, no Teresa Rodríguez-. Incluso, revolución, mujeres profesionales e independientes que pueden verse a menudo con Juan Luis Galiardo sin querer casarse con él.

 

Ana Diosdado: la mujer que estuvo allí (y se rió de medio lado)

Ana Diosdado en su etapa de presidenta de la SGAE. Foto: SGAE.

Se cumplen este 5 de octubre cinco años del fallecimiento de Ana Diosdado, dramaturga, novelista, guionista de televisión y actriz, nacida en Buenos Aires en 1938 por la huida de sus padres durante la Guerra Civil. La familia regresó a España en los 50 y ella fue finalista del Premio Planeta con solo 24 años y triunfó con sus obras de teatro antes de cumplir los 40. Por una dilatada trayectoria escénica recibió el Premio Max de Honor en 2013.

El cénit de popularidad, más allá del teatro, le llegó precisamente en los años 80, cuando en colaboración con el productor y director todoterreno Pedro Masó (Las Ibéricas FC, Brigada Central, La familia bien, gracias) escribió y protagonizó Anillos de oro y Segunda Enseñanza. Esta última se centraba en la vida de una profesora de Bachillerato -del Bachillerato antiguo, prima- que se muda de Madrid a Oviedo.

En ambas series está  la misma intención de reflejar los cambios sociales de la época que la propia Diosdado y su entorno experimentaban, siempre desde un tono amable en lo formal pero con muchísima retranca.  Algo que se nota también  en la obra teatral de la autora, con Usted también podrá disfrutar de ella (1973) o Los ochenta son nuestros (1988) entre otras muchas.

 

Para lo que hemos quedado

Anillos de oro

Ana Obregón en su primera aparición en TVE. Foto: RTVE.

Vista desde 2020 y a pesar de toda su mala leche, retratando los saraos de intelectuales progres repletos de canapés que Diosdado debía conocer bien, la serie puede parecer ingenua en algunos aspectos -que no lo es- y conservadora en otros, pero en su contexto se recibió como revolucionaria. De hecho hay algún desnudo que lo más probable es que fuese imposible por parte de TVE a día de hoy en el mismo horario al que se emitía esto e incluso un par de escenas de sexo. Adúltero. O tempora, o mores.

La actualidad de los 80, sobre todo de cierto mundillo acomodado y más o menos progresista, que es el que empezó a divorciarse, se cuela en la serie por pura inercia. El primer capítulo empieza muy arriba. Dos hermanas viudas, enfermas, que malviven juntas y una de ellas con problemas para cobrar la pensión, quieren realquilar parte de su casa para llegar a fin de mes. 

Cuando aparecen los protagonistas ellas creen que se trata de una prostituta y su chulo, así que les suben el alquiler para aprovechar la circunstancias, eso sí, dejando claro su desprecio. Pero cuando descubren que son abogados especializados en divorcios que necesitan un despacho los echan porque “va contra sus principios”

Como documento de la historia del audiovisual español no tiene precio. Aparecen como personajes episódicos gente tan consagrada ya en aquel momento como José María Rodero, María Isbert o Alberto Closas, hacen su debut en la tele Ana Torrent o Ana Obregón y se pasan por allí el mencionado Galiardo o Mónica Randall.

 

Feminismo en Transición

Anillos de oro tampoco se esconde, tarda poco en mostrarnos la sordidez del trabajo cuando un cliente llega con un detective privado y fotos íntimas de su mujer engañándolo. Un cliente garrulo que interrumpe a Lola y la confunde con la secretaria y nos regala el siguiente diálogo, el cual leído hoy podría hacer estallar la cabeza de le tuitere medie pero entonces se vendía como el summum del feminismo:

– «No soy su secretaria, soy su socio».
– «Querrá decir su socia«.
– «No, su socio. En un despacho como este, no queremos dar lugar a equívocos».

Por cierto con el marcador de modernez de TVE para las chicas jóvenes, que les duraría 15 ó 20 años, hasta Ángeles Martín (Yo soy Bea) en los 90 en Colegio Mayor o Este es mi barrio: el chicle en la boca a toda horas y un sombrerito cruzado sobre la cabeza. El tropo, casi una versión castiza de la Manic Dreamy Pixie Girl del gringo filtrada por la Movida, parece nacer con el personaje de Ana Obregón en el segundo capítulo, ligue de Ramón/Arias con giro dramático final.

Hay un capítulo entero de Anillos de oro dedicado a como el personaje de Lola y una de sus mejores amigas, que es una médica de éxito en constante pelea porque le paguen lo mismo que a sus compañeros varones, dan demasiadas explicaciones sobre sus vidas. La una por dedicarse a divorciar gente y no pasar más tiempo con sus hijos, la otra por seguir soltera a los 40, viéndose con señores si le parece y estar feliz de la vida. Este guión, con cuatro cambios cosméticos y Maxi Iglesias en vez de Galiardo haciendo de semental, cuela ahora mismo.

 

El Felipismo que nos parió

«¿Pero cómo que no quieres ir a un guateque? ¿Tú has visto qué gabardina?».

También en otro capítulo de Anillos de oro aparecerá una abnegada madre de familia «de provincias» -esto no lo digo yo, sino el guión, varias veces-, en concreto de Segovia, a la que no le da la vida para trabajar y al mismo tiempo cuidar de sus hijos, su suegro enfermo y su marido caradura. El esposo quiere que deje el trabajo fuera de casa con la excusa de que se saltan un escalón del IRPF y tienen que pagar más impuestos, y ella intenta negociar que aunque sea no le quiten la chacha. Recuerden, la mayor parte de los protagonistas y el enfoque de esta serie son… «progres».

Se graban con mucho zoom y mucha zumba los saraos de escritores de chaqueta de ante o con coderas de cuero en la de lana y uno envidia que en aquél Madrid se pudiese ir por la calle con gabardina sin parecer un flipado de la vida o cocerse, pero el clasismo que se le escapa de vez en cuando a Anillos de oro canta a kilómetros pasándole no el filtro de 2020, sino probablemente el de los mismos 80. Más que nada porque lo que retrata es una burbuja. «Progre», pero burbuja.

Un testimonio, al final, de un momento muy concreto de la sociedad española, cuando existía ilusión por la naciente democracia, se consideraban superadas ciertas disputas del pasado y se confiaba en crear una nueva sociedad. Que luego saldría como salió, pero en 1983 la corrupción aún era una cosa de antiguos regímenes, o eso creían, y leyes como las del divorcio iban a traer la modernidad y mejores modos de vida. Aunque no todo el mundo notaba esos cambios de manera directa e inmediata en sus vidas, RTVE estaba allí para contarle, en el formato que fuese, que era posible. Mal que bien, para eso hace ficción una cadena pública.

 

Jose A. Cano (@caniferus)

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