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Ane: La maternidad y los ideales
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Ane: La maternidad y los ideales

David Pérez Sañudo debuta con una buena película sobre un conflicto madre e hija protagonizada por una extraordinaria Patricia López Arnaiz

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En los festivales de cine, los flashes de los fotógrafos y los titulares de los periódicos suelen ser para las estrellas consagradas que pisan la alfombra roja, para las películas que compiten en Sección Oficial. Incluso en los festivales de este año, con restricciones por la pandemia, son estas películas la que todo el mundo espera y de las que se habla. Pero la esencia de cualquier festival de cine es encontrar esas películas pequeñas de las que no nos han hablado aún, que carecen de tanta publicidad. Y esa cualidad la podemos encontrar en Ane, con la que David Pérez Sañudo se estrena en el terreno del largometraje, que compite en la sección New Directors de esta 68 edición del Festival de Cine de San Sebastián.

Estamos en Vitoria, en un barrio donde las obras por la construcción del tren de alta velocidad dividen al pueblo. Muchas viviendas serán expropiadas y las revueltas en las calles son cada vez más frecuentes, los manifestantes luchan contra los poderosos. Y el cineasta se apoya en este escenario para presentar la realidad de la relación entre una madre y una hija. La madre, Lide, es vigilante en las obras del tren; la hija, Ane, se manifiesta contra ellas.

En el arranque de la película ya se aprecian los elementos que serán recurrentes en ella, como el componente de la silla vacía. Lide prepara el desayuno para ambas pero Ane no llega, ni llegará. La madre carga con el peso narrativo de la película en todo momento, la cámara se acerca a ella y nos muestra su lucha diaria. Con su exmarido que está más cerca que ella de su hija, con su exsuegra, con su jefa, con un pueblo que se revuelve ante esa empresa para la que ella trabaja; y sobre todo con su hija.

La dualidad entre ellas, la separación física y mental de ambas será el pilar fundamental de la película, y el director utilizará con eficacia una composición del plano que las separa siempre utilizando o el fuera de campo para dejar a una de ellas fuera de la imagen (casi siempre a Ane) para así dar cuenta de la soledad a la que se enfrenta Lide o, de manera menos sutil, apoyándose en elementos físicos que las separen (vallas, paredes).

“No podemos estar incomunicados siempre”, le dice Lide a Ane refiriéndose, a priori, a las obras del tren. Esa incomunicación entre madre e hija está siempre presente, en las miradas, en los gestos y en los silencios. Lide se siente sola y a esa soledad en su casa siempre le acompaña un tic tac del reloj de fondo, el tiempo pasa para ella, para su hija y para todos los contendientes de esta lucha. Y ese reloj seguirá corriendo mientras Lide, extraordinaria Patricia López Arnaiz, aguarda a que esa silla vacía se ocupe al fin.

Sin embargo, las tramas alrededor del conflicto madre e hija no están tan bien encajadas y la construcción de esos personajes secundarios resulta poco satisfactoria debido a que solo nos encontramos con reiteraciones y su fuerza en el relato es casi nula. La película gira en torno a la relación Lide – Ane y cuando escapa de ahí e intenta dar cabida a otros escenarios y personajes, la narración pierde interés.

Ane es una buena película debut, y podría haber sido más redonda si se hubiera cuidado más la profundidad de los personajes secundarios que rodean a sus excelentes protagonistas. Sí es sin duda una de las películas a priori pequeñas que agradecen, al igual que los espectadores, que los festivales ayuden a ponerlas en el mapa.

 

Pablo Vergara (@BonaseraPablo)

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