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Amor en polvo: nada molesta ni nada destaca
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El cine valenciano reciente se está ganando que «lo valenciano» sea un adjetivo y no sólo un decorado de fondo. Impulsadas por un renovado sistema de financiación pública, últimamente han aparecido películas que presumen de las peculiaridades locales de la Comunidad, usando incluso la incentivada lengua local (ahí están La banda, La inocencia o la pendiente de estreno La boda de Rosa). Ahora llega, en clave urbana y difuminada en su valencianidad, Amor en polvo, que salva los muebles pero que no coge vuelo para destacar como variación libidinosa de una comedia romántica.

Amor en polvo plantea una situación a cuatro en la que una pareja le propone hacer un intercambio a dos amigos que no se conocen entre ellos. Pero la noche de sexo no acaba saliendo como ellos esperan. La película se presenta como provocación modesta y accesible, en la que se exploran las relaciones de pareja a través de tensiones sexuales, equívocos y giros inesperados. Con pocas localizaciones, la apuesta busca hacerse fuerte a través de sus diálogos y la interpretación de sus cuatro actores. Una operación complicada, que tiene que estar muy bien planteada y rozar la perfección, y que aquí no termina de desarrollarse.

Hay que reconocerle a la película un empaque digno en la construcción de los diálogos, donde se percibe la agilidad al escribir del director y guionista Juanjo Moscardó Rius -que ya exploró las relaciones en su guion para Juegos de familia (Belén Macías, 2016)-, al que se suma el acierto de incorporar la mirada de dos buenas guionistas como María Mínguez (Vivir dos veces) y María Laura Gargarella (No tengas miedo). Pese a que se coquetea con la artificialidad de las situaciones, Amor en polvo mantiene casi siempre un equilibrio en las conversaciones para que el interés se mantenga vivo y no demasiado artificial dentro de un planteamiento con las patas cortas.

El segundo acto es el tramo en el que mejor funcionan los omnipresentes diálogos. Les favorece seguramente el montaje alterno que usan Suso Imbernón y Moscardó en esta parte: vamos saltando por las dinámicas que surgen entre estas dos parejas, que están en escalones de su relación muy distintos. Pese a que el humor no arranca, el toma y daca a dos se atreve a crear tensiones de todo tipo y que luzcan sus interpretaciones, donde el menos inspirado sea quizás un esforzado Luis Miguel Seguí, que claramente no es la mejor elección de casting para el personaje que interpreta.

Pero los principales gags y giros de la historia se reservan, como es lógico, para el último tercio de la película, donde todo termina por desatarse con el sexo como principal fuente humorística. Y ahí se le terminan de ver las costuras a una historia que no es lo suficientemente provocadora e inteligente como para que sus bruscos cambios de rumbo funcionen. La simpática tensión anterior entre modelos de relación y sexo va desapareciendo, y el ritmo de la película se termina por disipar mientras se busca cerrar los conflictos.

Es una lástima que no se pueda ver Amor en polvo en valenciano fuera de su Comunidad, tal y como estaba previsto en un principio. La película habría introducido un estímulo diferente que en parte supliría al de una trama con un enredo entre cuatro personajes que no es lo agitador que pretende ser. Nada molesta en su construcción, interpretaciones o diálogos, pero el humor se queda a medias en sus pretensiones, lo que termina por desactivarla.

 

Arturo Tena (@artena_)

 

 

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