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Adú: correcto reflejo de la realidad
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Adú: correcto reflejo de la realidad

Tres historias paralelas sobre la vida en el continente africano. Un interesante drama social con varias noticias positivas

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En su primer largometraje, 1898. Los últimos de Filipinas (2016), Salvador Calvo se apoyaba en la ambientación, en la importancia del paisaje para, a través de planos aéreos y grandilocuentes, hacernos aterrizar en el entorno que habitan los personajes, construyendo de esta manera una narración que arranca a partir del contexto visual en el que se mueve la película. En Adú esta construcción se repite, permutando el pueblo filipino de Baler por el corazón del continente africano; la cámara de Calvo “vuela” para plasmar toda la belleza de los extensos paisajes africanos, donde se vive una realidad muy desigual a la nuestra, en la que la valla de Melilla es testigo mudo de cómo, cada noche, inmigrantes a un lado intentan alcanzar un futuro mejor jugándose la vida y policías al otro intentan parar este paso.

El cineasta nos invita a contemplar tres historias paralelas, sin aparentemente nada en común, pero con un nexo inquebrantable: la emigración y la vida en el continente africano, el más castigado de todos. La primera de ellas, la más traumática, la radiografía de los ciudadanos africanos y las terribles penurias que pasan para intentar buscar una vida mejor personificada en un niño de seis años. La segunda, el otro lado de la moneda, la de los policías que tienen que vigilar esa valla de Melilla que cada año intentan cruzar un sinfín de personas; y la tercera, la más difícil de encajar, la de un activista medioambiental con problemas en su trabajo y que tendrá que lidiar con la visita de su díscola hija.

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Gracias a la puesta en escena del arranque de la película el director evidencia la separación de dos mundos, dos formas de pensar y actuar frente a un problema global, presentando la realidad incómoda que la película quiere mostrar y los dos mundos que viven dentro de ella. Por un lado, la situación desesperada que vive Adú (Moustapha Oumarou), un niño de seis años que con una actuación contenida refleja en su historia la de tantos otros que pasaron por lo mismo que él, una huida hacia delante, hacia la libertad, o la búsqueda de ella, un viaje sin retorno en el que muchos caen en el intento, cruzar África hasta llegar a Melilla. Y por otro lado, la situación de los policías allí destinados, personificados en el personaje al que da vida Álvaro Cervantes, un hombre compungido que no sabe muy bien cómo actuar ante tal situación, o en el de Miquel Fernández, que deja una de las reflexiones de la película en un diálogo digno de ver.

En contrapunto a la historia de Adú se encuentra la tercera trama que completa el tríptico, que no es más que una historia de reconciliación entre un padre ausente (Luis Tosar) y su hija problemática (Anna Castillo), que el director no es capaz de encajar de una manera precisa en la historia y se siente más como un añadido paralelo a la narración que como pieza indispensable del relato, debido a la caída en tópicos o clichés de una relación paterno filial reflejada hasta la saciedad en nuestras pantallas de manera similar, que aquí solo es salvada por el carisma y la interpretación de sus excelentes actores.

Aún así, lo que llena de validez a la película es que, aunque caiga en algún subrayado musical innecesario, es una cinta que relata hechos verídicos y emotivos con la fuerza dramática suficiente pero sin caer en la tentación de la lágrima fácil y de la verborrea emotiva, todo lo que vemos en el rostro de Adú y en su triste mirada es tan natural como altamente preocupante.

Gracias a este interesante drama social de vocación comercial podemos confirmar dos noticias positivas: la ratificación de Salvador Calvo como una nueva mirada del cine español a tener en cuenta en proyectos venideros y que una compañía de producción tan importante como Telecinco Cinema se aleje del cómodo terreno de la comedia comercial y sea capaz de apostar por proyectos que pongan en pantalla diferentes realidades.

Puedes ver Adú online en Netflix.

 

Pablo Vergara (@BonaseraPablo)

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