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Cinco películas de Juan Antonio Bardem para ver en tiempos de precariedad e intolerancia
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Cinco películas de Juan Antonio Bardem para ver en tiempos de precariedad e intolerancia

Hermano de Pilar, tío de Javier, breve socio de Berlanga, perseguido por la censura, es uno de los directores más olvidados del siglo XX español con una filmografía tan extensa como interesante

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Juan Antonio Bardem murió en 2002 tras recibir un Goya de Honor en cuyo discurso pidió financiación para los proyectos que aún tenía pendiente. Eclipsado por el éxito del que fue su breve socio, Berlanga, y la posterior fama de su hermana y sus sobrinos, la filmografía del Bardem director es una crónica del siglo XX español marcada por el compromiso ideológico. Su comunismo militante lo convirtió en uno de los directores más afectados por la censura franquista.

Hemos seleccionado 5 películas de una filmografía de casi 30 largometrajes, series de televisión aparte, en la que pasamos de Alfredo Landa a Marisol deteniéndonos en el tiroteo de Atocha.

 

EL PUENTE (1977)

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Es un panfleto. Pero si usted tiene que ver un panfleto, que sea este. Es también la parodia y redención del Landismo, aunque aún le quedarían unos pocos años de vida en virtud de los éxitos de Mariano Ozores. Es Don Alfredo Landa clavando a ese españolito medio, ese amigo de tu padre, ese vecino del quinto. Huele a aceite de motor, a secarral manchego y a freidora de bar de carretera. Esta peli, querido amigo, querida amiga, es España.

El argumento es tan tontorrón que hasta molesta. Juan (Alfredo Landa) trabaja en un taller mecánico en Madrid, donde un amigo le insiste en que se sindique y se una protesta que se está preparando para pedir mejores condiciones laborales. Pero Juan no quiere escucharlo, porque acaba de arreglarse su vespa para irse de puente a Torremolinos, que va a estar la playa llena de suecas. El periplo cómico, vital y político que el protagonista vivirá en su moto lo hará tropezarse con policías corruptos y honrados, familiares de presos políticos, inventores locos, guiris con ganas de marcha y cuantas locuras puedan existir en la carretera que lleva de Madrid a la Costa del Sol. Pero el destino de Juan es dar la vuelta, transformado por el puente, volver a su taller y sindicarse.

Sí, es un anuncio de Comisiones Obreras de dos horas. Pero de 1977, olvídese de 40 años de decepcionante y escasamente épica democracia. Sí, usa y abusa de todos los tópicos del cine y el humor rancio de la época. Pero Juan Antonio Bardem les da la vuelta.

Y luego Alfredo Landa. Mire usted, estimada lectora, estimado lector. Sin Alfredo Landa usted y yo no seríamos nada.

 

 

RESULTADO FINAL (1997)

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Otro panfleto, que causó rechazo en su momento porque en 1997, con el cadáver (político) de Felipe González todavía caliente y el aznarato en su apogeo, la ‘ideología’ estaba mal vista. Por otro lado, tampoco se entendió, ni contribuyó a vender bien el filme, el papel protagonista de Mar Flores, considerada más una starlette del papel couché –me acaban de salir canas solo de escribir esa expresión, y soy calvo– que una actriz seria. Los carteles y los tráilers parecían presentar una especie de thriller sexual muy del –mal– gusto del momento.

Flores encarna, con más destreza de la que muchos le admitirían –y Juan Antonio Bardem siempre fue un gran director de actores– a María José, cuya vida seguimos entre la victoria socialista de 1982 y la de Aznar en 1996. Los vaivenes laborales y los diferentes amantes de la protagonista sirven para ilustrar la decepción con los gobiernos de Felipe González de una parte de la sociedad española y la llegada de la llamada “cultura del pelotazo”.

Es decir, la última película que rodó Bardem fue un alegato desde la izquierda contra la deriva del Felipismo y su traición a la ilusión de la Transición. Es una película que podía haberse proyectado en el 15M o en el primer Vistalegre de Podemos, que puede seguir tristemente vigente en pocos años y que en el fondo habla de la evolución de la izquierda española. Es una película tan amarga como el Pepe Carvalho de Manuel Vázquez-Montalbán o las novelas de Javier Cercas y que camina paralela a la evolución de las columnas de Arturo Pérez-Reverte o Antonio Múñoz Molina.

Y sí, puede que ya no seamos ellos ni lo queramos ser, pero es de donde venimos.

 

SIETE DÍAS DE ENERO (1979)

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Drama que ficcionaliza los atentados de Atocha con espíritu documental, tal y como se conocían los hechos a la altura en que fue rodada la película, es decir, casi en paralelo a la celebración del juicio por los mismos. Sí, otro panfleto, rodado en caliente y que mezcla las escenas de la ficción con muchas tomadas de las manifestaciones y actos políticos de aquellos días. Una idealización de los abogados laboralistas a los que Juan Antonio Bardem se pasó los años de la Transición santificando, pero también un retrato descarnado de la violencia política nunca admitida en nuestro “modélico” paso a la democracia.

La planificación del atentado se presenta como inserta en la vida cotidiana de una familia de clase media burguesa y conservadora del Madrid de la época, en la que la merienda y la boda de uno de los hijos mayores se alternan con reuniones de la Triple A. Ese ambiente, el de los “incontrolados” de los 70 y 80, lo han traído al presente producciones más puramente escapistas como Brigada Costa del Sol o 45 revoluciones, y hace no tanto también La Chica de Ayer.

Aparte de que los atentados de Atocha sigan de actualidad por cuestiones de memoria histórica o por cómo entre ellos se asoma la figura de una Manuela Carmena que años después y a su manera también haría historia, el filme sirve para recordarnos que la Transición no fue un camino de rosas en el que nuestros padres y abuelos cantaron el cumbayá mientras Juan Carlos I tocaba la guitarra. La libertad se pagó con la sangre de los demócratas. Y decirlo así, de vez en cuando, no está tan mal.

 

CALLE MAYOR (1956)

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Les confieso algo. He puesto esos tres panfletos comunistorros en primer lugar para jugar con sus percepciones. Juan Antonio Bardem, que era un gran director, era mucho mejor cuando lo censuraban. Cuando tenía que regatear a tantos meapilas y mediocres que se creían dioses por tener una tijera en la mano. Cuando debía decir las cosas sin decirlas. Cuando buscaba más transmitir la emoción de opresión y desesperanza del franquismo que retratarla directamente.

Lo peor es que Calle Mayor, si se adaptasen a los usos y costumbres del cortejo actual ciertos quiebros del argumento y el machismo se mostrase más explícito pero sibilino (qué se yo, añádale usted Tinder a esto), serviría aún en 2020 para retratar los callejones sin salida de la vida en eso que ahora llamamos la España vaciada y que de toda la vida ha sido “el pueblo”.

No hay ni una línea explícitamente política en una historia que fácilmente podemos emparentar con obras literarias como Nada, de Carmen Laforet, o Tiempo de Silencio, de Luis Martín-Santos. La película cuenta apenas una tontería, una broma de mal gusto organizada por los mozos de una capital de provincia contra una solterona por puro aburrimiento.

Forma una trilogía involuntaria y triste con El Puente y Resultado Final que, por otro lado, explica el devenir ético y sentimental de la generación a la que perteneció su director y una determinada imagen de un país que se lanzó a las heridas del siglo XXI sin haberse curado las del XX.

 

LA CORRUPCIÓN DE CHRIS MILLER (1973)

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La jugada de Mar Flores ya la había ejecutado Juan Antonio Bardem, con más éxito, 20 años antes. Rodó dos películas junto a Pepa Flores, Marisol, consideradas las primeras en las que la actriz consigue escapar de su personaje infantil y desvalido y se le otorgan considerados, por aquél entonces, adultos. La otra sería El poder del deseo, dos años más tarde, y podría haber ocupado el mismo lugar en esta lista que la elegida.

Chris Miller es una joven huérfana que vive con su joven madrastra después de que el padre y marido las abandonase. Cuando contratan a un apuesto jardinero al que ambas desean las psicosis que arrastran cada uno de los tres personajes darán lugar a una serie de sucesos escabrosos. Sí, miren, es la única manera que he encontrado de resumirlo sin hacer spoilers, para que se enfrenten a la experiencia libres de polvo y paja. En las más políticas el final da un poco igual, pero en las dramáticas les invito a vivir todo el trasunto emocional. Por otra parte, Bardem, que rodó casi todos los géneros, siempre estuvo más cómodo en el panfleto.

Es difícil juzgar con nuestro resabio del análisis de género actual cuánto hay de revolucionario y cuando de sexplotation en este tipo de producciones, pero en el momento fueron leídas como rompedoras y empoderadoras para las mujeres, al cambiar sus roles tradicionales en la representación ficcionada de los mismos.

 

Jose A. Cano (@caniferus)

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