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30 Monedas, capítulo 4: No se debe jugar con fuego
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30 Monedas, capítulo 4: No se debe jugar con fuego

Capítulo de transición para que los personajes avancen y en el que se nos amplía el pasado del padre Vergara y el origen del villano

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Mientras el pueblo asume a su manera el ataque a la clínica veterinaria, el padre Vergara regresa a Roma para visitar a un viejo amigo y prepararse para la batalla que viene. A través de sus recuerdos, sabremos como empezó a ser exorcista y su relación con la secta de los cainitas. En el pueblo, Merche y Elena tomarán decisiones que parecen definitivas pero con consecuencias inesperadas.


Es un capítulo de pactos con el diablo, en el que tenemos otra variante de terror con exorcismos y varios de los personajes se reencuentran con fantasmas del pasado. Veremos a Vergara con su particular recorrido superheroico al volver al Vaticano y a Merche y Elena tener algo que hacer más allá de enfadarse o reaccionar a lo que ocurre. Más desdibujado se queda el alcalde Paco, aunque consigue pasar por fin un capítulo completo sin gafas, mostrando su verdadera personalidad.

Tras una primera parte de formatos episódicos, en la que parecía que tendríamos un caso de la semana y un asedio constante al pueblo de Pedraza, la serie toma un formato que no renuncia a la elipsis, avanza y por primera vez ofrece un doble cliffhanger. Se mantiene el terror cañí como ruido de fondo de la visión pesimista del género humano propia de Guerricaechevarría y de la Iglesia, haciéndose patente en las reacciones de los vecinos al incendio de la semana pasada, que los emparenta con La comunidadPor cierto, un dato para que os estalle la cabeza sobre Cosimo Fusco, el actor que debuta en este 4º capítulo de 30 monedas, aquí.

 

Crítica de 30 monedas capítulo 4 con spoilers30 monedas capítulo 4

Capítulo dedicado a presentarnos al villano de la función, el cardenal Fabio Santoro, interpretado por un magnífico Manolo Solo. El personaje estructura un capítulo que inaugura uno de sus acólitos, aún sin nombre pero al que da presencia inquietante desde hace un par de entregas Francisco Reyes. Las introducciones de cada episodio, como en Expediente X, Fringe o cualquier cómic Marvel, nos van anunciando la recolección de las monedas por parte de los cainitas, pero esta ha sido particularmente espectacular. 

Al igual que en SHIELD de Jonathan Hickman y Dustin Weaver o El último troyano, de Valerie Mangin y Thierry Démarez, nos enfrentamos a la Roma Inversa, con sus crucifijos cabeza abajo y la inquietante cabeza gigante de un Cristo al que es necesario girarle los ojos en blanco -como los de los legionarios zombies de la intro- para rescatar otra moneda. El espejo nos sigue acompañando en esté capítulo y su juego se mantendrá hasta la escena final, regalándonos un doble reflejo para situar en una misma habitación a Vergara, Santoro y el mismísimo Papa de Roma.



Que Vergara es un superhéroe, y que su final se ve venir -esperemos que nos sorprendan, los héroes de Álex de la Iglesia nunca acaban como se espera– lo demuestra su exilio de sheriff descreído, su parafernalia de Blade ibérico, el recurso al viejo amigo y al mentor y que el villano sea su antiguo compañero de clase, un Magneto… o un Draco Malfoy. Santoro es como Vergara, pero torcido. Como pide la temática de la serie y como cualquier archienemigo que se precie. Bueno, y un cura mazao boxeando en la cárcel. En fin, quién se queja de esa macarrada, si habíamos venido a ver una serie llena de ellas y nos parece que salen hasta pocas.

 

Il messaggero non è importante

30 Monedas, capítulo 4: No se debe jugar con fuego

Aunque en este recorrido por dar miedo a base de exorcismos tengamos a un diablo con aspecto de hombre maduro trajeado y elegante, el final nos devolverá a las leyendas castellanas e incluso a Bécquer. Está Stigmata, de Rupert Wainwright, también aquí, pero Elena la veterinaria será más que nunca un trasunto de la Carmen Maura de La comunidad cuando se convierta de nuevo en foco del desprecio del pueblo. Merche, que acaba cayendo en el pacto mefistofélico que ya anunciaban episodios anteriores, recibe nuevas frases de crítica velada a los populismos, con ese “mejor rabiosos que sentirse culpables”.



El debate sobre el bien, el mal y el libre albedrío está servido por la escena con el Mefistófeles vestido de ejecutivo de la City y con las maneras del Minos de Dante. En esta polémica de doctores de la Iglesia del siglo III, en una interpretación de la caída gnóstica que está también en el Noé de Aronofsky, Santoro elige el conocimiento prohibido frente a un Vergara que parece que será nuestro campeón humanista, convencido de que la bondad es una decisión racional y práctica.

Terminando. Algo se cuece en 30 monedas, que alterna episodios frenéticos con reposados (y un poco más flojos). Este, sin bajar el nivel y con un par de momentos brillantes -el exorcismo en el almacén 188, la cárcel, el espantapájaros- no acaba de sembrar bien su arreón final, aunque se agradece que no fuerce su duración y se un poco más corto que los anteriores. Ya vamos por el ecuador y la serie sigue manteniendo un nivel muy alto, aunque con la sensación de tambalearse sobre el precipicio.

 

Jose A Cano (@caniferus)

Puedes ver ’30 monedas’ online aquí.

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